- ¡Hey! ¿Qué pasa, chicos?
Se levantó para darle un amistoso abrazo a cada uno.
- Hola, Zayn - continuó Niall - ¿Hemos tardado mucho?
La chica se levantó de su asiento y respondió.
- Qué va, sólo hemos esperado veinte minutos...
- Tan chistosa como siempre, Brook - Harry fue a darle dos besos, igual que Niall - Bueno, haremos las presentaciones. Brooklyn, ella es Heather.
- Encantada - me dijo, dándome un beso en la mejilla.
- Igualmente - respondí con una sonrisa.
- Y este es Zayn.
- Y esta la famosa Heather - dijo él, lo que me hizo reír - Encantado.
- Lo mismo te digo.
Zayn parecía un chico agradable y divertido. Él y Brooklyn hacían una pareja preciosa.
Nos sentamos todos en la mesa en la que estaban Zayn y Brooklyn y no tardaron en atendernos. Yo pedí un chocolate caliente, cosa que les extrañó bastante, ya que era un día muy caluroso. Niall se me quedó mirando. En cuanto me di cuenta de ello, no pude evitar reírme. Era una chica de risa fácil.
- ¡Pero no me mires!
- ¿Acaso te intimido? - preguntó alzando una ceja.
- Pues un poco, sí.
- Lo siento - levantó ambas manos, excusándose.- Es que me ha llamado mucho la atención.
- Soy así de particular.
Tuvimos una entretenida charla con la pareja. Durante unos minutos, Brooklyn y yo tuvimos una conversación a parte de los chicos. Acabaríamos siendo buenas amigas.
Las horas pasaron como veloces flechas entre los chocolates y cafés y los paseos por las avenidas cercanas. Alrededor de las nueve de la noche decidimos que ya era hora de volver a casa.
- Ha sido un placer conoceros, chicos - dije dirigiéndome a Zayn y Brooklyn.
- Igualmente, Heather - me respondió ella.
- El lunes nos vemos, ¿no? - intervino Zayn.
- Por desgracia, sí.
- ¡Eh!
- No por vosotros, si me habéis caído muy bien, tonto. Las clases...
- Ah. Ya me habías asustado...
- Deja de hacer el imbécil - le dijo Brooklyn, dándole un pequeño golpe en la tripa.
- Jo, Brook, siempre igual.
Ella rió y se despidieron de nosotros con una sonrisa.
Comenzamos a andar camino a casa. Yo estaba pensando, inconscientemente, en Niall. Aunque no quisiera, su imagen se me aparecía una y otra vez.
- Bueno... - comenzó Harry, quitándome de mis pensamientos - ¿qué te han parecido?
- Oh. Majísimos. Me han caído muy bien.
- Hemos hecho bien en presentártelos, supongo - comentó Niall.
Le miré durante unos segundos, en los cuales me sumergí en sus ojos azules, tan profundos como un océano, tan hermosos como una mariposa en pleno vuelo. Sonreí.
- Supones bien.
Cuando llegamos a casa, nos encontramos un extraño panorama. Mi padre estaba apoyado contra la barandilla de las escaleras, observando cómo Dorothy y otro hombre, alto, con barba de unos tres días y el pelo corto, charlaban en el sofá.
Pero lo peor, llegó cuando Niall se adelantó y los miró confundido.
- ¡¿Qué hace él aquí?! ¿Qué quiere?
Estaba enfurecido. Las manos le comenzaron a temblar y las cerró en dos puños.
- Niall... - comenzó el hombre.
- ¡Lárgate!
- Solo quería verte...
- ¡Pues ya me has visto! ¡Fuera de aquí, déjame en paz!
Las mejillas se le enrojecieron, los ojos se le humedecieron y corrió escaleras arriba hasta su habitación.
- ¿Qué ocurre? - le susurré a Harry.
- Es su padre biológico.
No entendía por qué eso era un problema. Y lo más importante, ¿por qué vivía Niall con Dorothy si su padre biológico estaba vivo?
Dorothy intentó subir, pero mi padre la frenó.
- Aiden, tengo que hablar con él.
- No. Quédate aquí.
El padre de Niall se despidió de Dorothy y agachó la cabeza. Parecía triste, muy triste. Me dio pena.
Harry se apresuró a subir hasta el cuarto, por lo que yo hice lo mismo. Quería saber qué pasaba con aquel hombre.
Una vez arriba, Harry ya había cerrado la puerta, así que me apoyé contra la pared, tratando de escuchar.
- Niall, tranquilo...
- No puedo estar tranquilo sabiendo que ha venido a casa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? Después de lo que le hizo a mi madre y lo que me hizo a mí... - sollozó.
- Lo sé, pero relájate. Llorando no solucionas nada. A mí también me da rabia que haya venido, incluso cuando sólo lo conocía por fotos.
Eso era que realmente había pasado mucho tiempo desde que Niall lo vio por última vez. Él suspiró muy alto, un suspiro extremadamente sonoro. No podía escuchar eso sin enterarme del resto, así que llamé a la puerta.
- ¡No quiero hablar!
- Soy... Soy Heather.
Oí unos pasos hacia la puerta. Era Harry.
- Niall... - comencé.- Me gustaría conocer la historia. Aunque si no quieres...
- No, no. Siéntate - dijo señalándome una silla, tumbado, desde su cama.
Eso hice. Y esperé a que estuviera preparado.
- Bueno, os dejo para que habléis. Yo voy a comer algo.
Harry salió de la habitación y cerró la puerta con un estruendo.
- Es una historia larga.
- Estoy aquí, ¿no? Te escucho. Tengo tiempo - le sonreí, con el propósito de darle confianza.
Él hizo lo mismo. Cerró los ojos, suspiró, y una vez relajado, comenzó.
- Yo nací en Mullingar, en Irlanda. Mis padres y yo éramos una familia realmente feliz. Llegó mi cumpleaños. Cumplía cinco. Mi madre encendió las velas y yo las soplé como todos los años. Aún recuerdo que ese día tuve la sonrisa puesta todo el día... hasta que ocurrió. Mi padre no llegaría hasta las siete de la tarde, y se suponía que me traería un regalo especial, porque había estado trabajando en Dublín toda esa semana. Estábamos en el jardín, mi madre y yo. El resto ya se habían ido. Cuando mi madre creyó oír el coche, salió de casa y yo me quedé esperando en frente del último trozo de tarta que quedaba. De repente, oí algo. Un golpe de puerta contra el coche, unos gritos enfadados de mi padre y chillos de pánico de mi madre. Salí para ver qué ocurría. Mi padre iba borracho, drogado, y de todo. A saber lo que se había metido en el cuerpo. Lo que vi me horrorizó. Mi madre estaba en el suelo, un charco de sangre rodeaba su cabeza. Mi padre la había empujado contra el muro. Lo supe porque éste también estaba manchado de sangre. "¡Mamá!" grité. Pero no obtuve respuesta. Mi padre me ordenó callar y entró en casa, como si nada hubiese pasado. Yo me quedé junto a mi madre. Aunque sólo tuviera cinco años, era bastante listo. Cogí el teléfono de mi madre y pulsé el botón de "llamada de emergencia". Me contestó una voz amable, cálida. Confiaba más en esa voz que en mi propio padre. Le expliqué a esa mujer lo que había pasado, y me preguntó cuántos años tenía. En cuanto se lo dije, se escandalizó, y me dijo que me quedase donde estaba y que hiciera el menor ruido posible. Le dije mi dirección y en unos quince minutos llegó un coche de policía y una ambulancia. Los guardias entraron por la fuerza en casa y se llevaron a mi padre. Los médicos se llevaron a mi madre, y a mí me condujeron hasta un centro de acogida de menores. Es el último recuerdo que tengo de mi madre, y el último de mi padre. Cinco años después, Dorothy vino al centro y me eligió a mí después de haber oído mi historia.
Llevaba llorando desde la mitad del relato, aunque en silencio. No me podía creer que un chico como él hubiese pasado por semejante atrocidad. La pena que sentía por aquel hombre se esfumó por completo y se transformó en rabia, ira, odio, y esa pequeña parte de mí que se había empezado a enamorar de ese pequeño rubio, creció y creció hasta ocupar todo mi corazón. Me levanté de la silla y fui a abrazarle hasta su cama. Acaricié su cabello, y él el mío.
- Heather, no llores - me apartó y secó mis lágrimas.
- Qué irónico... Debería de estar secándote yo las lágrimas a ti... - esbocé una muy leve sonrisa, que me correspondió.
- Yo ya lo he superado. Aunque he de reconocer que verlo hoy me ha devuelto esos malos recuerdos como si hubieran ocurrido ayer. Pero bueno...
- Después de todo eso no sé qué ha venido a hacer aquí.
- Yo tampoco... Y no entiendo cómo Dorothy se ha parado a hablar con él y le ha dejado entrar en casa. Sé que ha estado en rehabilitación porque ella se había enterado, pero aún así... No sé.
Miré al suelo y me quedé pensativa. Algo se había encendido dentro de mí. Sentía la necesidad de protegerle, de tenerle cerca siempre, en todo momento.
- ¿Quieres bajar a comer algo?
¿Era lo mejor que se te ocurría, Heather? ¡Imbécil!
- Claro. Vamos. Y no llores, tonta.
Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Fue una sensación mágica. ¡No podía enamorarme de mi hermano! Pero me parecía tan frágil, y era tan precioso...
Bajamos y nos encontramos a todos cenando. Nos servimos cada uno un plato de aquella deliciosa sopa con pollo y nos sentamos a comer. Niall casi no le dirigió la mirada a Dorothy, y no le hablaba. Simplemente respondía con un tono seco cuando ella le preguntaba algo. No podía evitar repetir la escena que él me había descrito en mi mente, era realmente escalofriante.
Cuando terminamos la cena, lavamos todos los platos y Harry, Niall y yo subimos a nuestras habitaciones.
- Buenas noches, chicos.
- Buenas noches - respondieron ellos a la vez.
Pero no serían buenas. Dudaba que pudiese dormir después de todo aquello. Y si lo hacía, una terrible pesadilla se adueñaría de mi plácido sueño.
- ¡Pero no me mires!
- ¿Acaso te intimido? - preguntó alzando una ceja.
- Pues un poco, sí.
- Lo siento - levantó ambas manos, excusándose.- Es que me ha llamado mucho la atención.
- Soy así de particular.
Tuvimos una entretenida charla con la pareja. Durante unos minutos, Brooklyn y yo tuvimos una conversación a parte de los chicos. Acabaríamos siendo buenas amigas.
Las horas pasaron como veloces flechas entre los chocolates y cafés y los paseos por las avenidas cercanas. Alrededor de las nueve de la noche decidimos que ya era hora de volver a casa.
- Ha sido un placer conoceros, chicos - dije dirigiéndome a Zayn y Brooklyn.
- Igualmente, Heather - me respondió ella.
- El lunes nos vemos, ¿no? - intervino Zayn.
- Por desgracia, sí.
- ¡Eh!
- No por vosotros, si me habéis caído muy bien, tonto. Las clases...
- Ah. Ya me habías asustado...
- Deja de hacer el imbécil - le dijo Brooklyn, dándole un pequeño golpe en la tripa.
- Jo, Brook, siempre igual.
Ella rió y se despidieron de nosotros con una sonrisa.
Comenzamos a andar camino a casa. Yo estaba pensando, inconscientemente, en Niall. Aunque no quisiera, su imagen se me aparecía una y otra vez.
- Bueno... - comenzó Harry, quitándome de mis pensamientos - ¿qué te han parecido?
- Oh. Majísimos. Me han caído muy bien.
- Hemos hecho bien en presentártelos, supongo - comentó Niall.
Le miré durante unos segundos, en los cuales me sumergí en sus ojos azules, tan profundos como un océano, tan hermosos como una mariposa en pleno vuelo. Sonreí.
- Supones bien.
Cuando llegamos a casa, nos encontramos un extraño panorama. Mi padre estaba apoyado contra la barandilla de las escaleras, observando cómo Dorothy y otro hombre, alto, con barba de unos tres días y el pelo corto, charlaban en el sofá.
Pero lo peor, llegó cuando Niall se adelantó y los miró confundido.
- ¡¿Qué hace él aquí?! ¿Qué quiere?
Estaba enfurecido. Las manos le comenzaron a temblar y las cerró en dos puños.
- Niall... - comenzó el hombre.
- ¡Lárgate!
- Solo quería verte...
- ¡Pues ya me has visto! ¡Fuera de aquí, déjame en paz!
Las mejillas se le enrojecieron, los ojos se le humedecieron y corrió escaleras arriba hasta su habitación.
- ¿Qué ocurre? - le susurré a Harry.
- Es su padre biológico.
No entendía por qué eso era un problema. Y lo más importante, ¿por qué vivía Niall con Dorothy si su padre biológico estaba vivo?
Dorothy intentó subir, pero mi padre la frenó.
- Aiden, tengo que hablar con él.
- No. Quédate aquí.
El padre de Niall se despidió de Dorothy y agachó la cabeza. Parecía triste, muy triste. Me dio pena.
Harry se apresuró a subir hasta el cuarto, por lo que yo hice lo mismo. Quería saber qué pasaba con aquel hombre.
Una vez arriba, Harry ya había cerrado la puerta, así que me apoyé contra la pared, tratando de escuchar.
- Niall, tranquilo...
- No puedo estar tranquilo sabiendo que ha venido a casa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? Después de lo que le hizo a mi madre y lo que me hizo a mí... - sollozó.
- Lo sé, pero relájate. Llorando no solucionas nada. A mí también me da rabia que haya venido, incluso cuando sólo lo conocía por fotos.
Eso era que realmente había pasado mucho tiempo desde que Niall lo vio por última vez. Él suspiró muy alto, un suspiro extremadamente sonoro. No podía escuchar eso sin enterarme del resto, así que llamé a la puerta.
- ¡No quiero hablar!
- Soy... Soy Heather.
Oí unos pasos hacia la puerta. Era Harry.
- Niall... - comencé.- Me gustaría conocer la historia. Aunque si no quieres...
- No, no. Siéntate - dijo señalándome una silla, tumbado, desde su cama.
Eso hice. Y esperé a que estuviera preparado.
- Bueno, os dejo para que habléis. Yo voy a comer algo.
Harry salió de la habitación y cerró la puerta con un estruendo.
- Es una historia larga.
- Estoy aquí, ¿no? Te escucho. Tengo tiempo - le sonreí, con el propósito de darle confianza.
Él hizo lo mismo. Cerró los ojos, suspiró, y una vez relajado, comenzó.
- Yo nací en Mullingar, en Irlanda. Mis padres y yo éramos una familia realmente feliz. Llegó mi cumpleaños. Cumplía cinco. Mi madre encendió las velas y yo las soplé como todos los años. Aún recuerdo que ese día tuve la sonrisa puesta todo el día... hasta que ocurrió. Mi padre no llegaría hasta las siete de la tarde, y se suponía que me traería un regalo especial, porque había estado trabajando en Dublín toda esa semana. Estábamos en el jardín, mi madre y yo. El resto ya se habían ido. Cuando mi madre creyó oír el coche, salió de casa y yo me quedé esperando en frente del último trozo de tarta que quedaba. De repente, oí algo. Un golpe de puerta contra el coche, unos gritos enfadados de mi padre y chillos de pánico de mi madre. Salí para ver qué ocurría. Mi padre iba borracho, drogado, y de todo. A saber lo que se había metido en el cuerpo. Lo que vi me horrorizó. Mi madre estaba en el suelo, un charco de sangre rodeaba su cabeza. Mi padre la había empujado contra el muro. Lo supe porque éste también estaba manchado de sangre. "¡Mamá!" grité. Pero no obtuve respuesta. Mi padre me ordenó callar y entró en casa, como si nada hubiese pasado. Yo me quedé junto a mi madre. Aunque sólo tuviera cinco años, era bastante listo. Cogí el teléfono de mi madre y pulsé el botón de "llamada de emergencia". Me contestó una voz amable, cálida. Confiaba más en esa voz que en mi propio padre. Le expliqué a esa mujer lo que había pasado, y me preguntó cuántos años tenía. En cuanto se lo dije, se escandalizó, y me dijo que me quedase donde estaba y que hiciera el menor ruido posible. Le dije mi dirección y en unos quince minutos llegó un coche de policía y una ambulancia. Los guardias entraron por la fuerza en casa y se llevaron a mi padre. Los médicos se llevaron a mi madre, y a mí me condujeron hasta un centro de acogida de menores. Es el último recuerdo que tengo de mi madre, y el último de mi padre. Cinco años después, Dorothy vino al centro y me eligió a mí después de haber oído mi historia.
Llevaba llorando desde la mitad del relato, aunque en silencio. No me podía creer que un chico como él hubiese pasado por semejante atrocidad. La pena que sentía por aquel hombre se esfumó por completo y se transformó en rabia, ira, odio, y esa pequeña parte de mí que se había empezado a enamorar de ese pequeño rubio, creció y creció hasta ocupar todo mi corazón. Me levanté de la silla y fui a abrazarle hasta su cama. Acaricié su cabello, y él el mío.
- Heather, no llores - me apartó y secó mis lágrimas.
- Qué irónico... Debería de estar secándote yo las lágrimas a ti... - esbocé una muy leve sonrisa, que me correspondió.
- Yo ya lo he superado. Aunque he de reconocer que verlo hoy me ha devuelto esos malos recuerdos como si hubieran ocurrido ayer. Pero bueno...
- Después de todo eso no sé qué ha venido a hacer aquí.
- Yo tampoco... Y no entiendo cómo Dorothy se ha parado a hablar con él y le ha dejado entrar en casa. Sé que ha estado en rehabilitación porque ella se había enterado, pero aún así... No sé.
Miré al suelo y me quedé pensativa. Algo se había encendido dentro de mí. Sentía la necesidad de protegerle, de tenerle cerca siempre, en todo momento.
- ¿Quieres bajar a comer algo?
¿Era lo mejor que se te ocurría, Heather? ¡Imbécil!
- Claro. Vamos. Y no llores, tonta.
Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Fue una sensación mágica. ¡No podía enamorarme de mi hermano! Pero me parecía tan frágil, y era tan precioso...
Bajamos y nos encontramos a todos cenando. Nos servimos cada uno un plato de aquella deliciosa sopa con pollo y nos sentamos a comer. Niall casi no le dirigió la mirada a Dorothy, y no le hablaba. Simplemente respondía con un tono seco cuando ella le preguntaba algo. No podía evitar repetir la escena que él me había descrito en mi mente, era realmente escalofriante.
Cuando terminamos la cena, lavamos todos los platos y Harry, Niall y yo subimos a nuestras habitaciones.
- Buenas noches, chicos.
- Buenas noches - respondieron ellos a la vez.
Pero no serían buenas. Dudaba que pudiese dormir después de todo aquello. Y si lo hacía, una terrible pesadilla se adueñaría de mi plácido sueño.
Joder como mola! *----* Siempre acabo enganchado a todo lo que escribes!
ResponderEliminar¿HOOOOOOOOOOLA? Vale, Lara, a ver por donde empiezo. Uno, con los hermanastros que tienes no sé como no has pecado de incesto ya. Dos, Niall... jope, pobrecito, es que es amor, me darían ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca... Tres, amo tus capítulos, escribes akdjhdjaks y me matas demasiado con la espera (que lo entiendo, con todo lo que tienes que estudiar...). Cuatro, que sepas que la Ann de los anteriores capítulos, sí, esa que está con Louis, es una chica con suerte. Cinco, que tu Solenoide te quiere. Seis, y que te vuelvo a quereeeeeeeeeeeeeeeer <3
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