[Narra Ann.]
En mi despertador sonó "Paradise" de Coldplay, haciendo que abriese lentamente los ojos. Hoy era el gran día, me iba a Nottingham, con mi mejor amiga. Y con Louis. Casi no había podido dormir pensando en ello de la emoción. Aún así, siendo las seis de la mañana y habiendo dormido a penas tres horas, tenía energía para volcar un camión. Sería de la alegría que tenía en el cuerpo.
Cogí unos vaqueros sencillos, una camiseta blanca a rayas azules y unas Vans negras para vestirme. Me peiné el pelo hasta que me quedó bien liso y salí de la habitación para ir a desayunar. Abajo ya estaban mis padres preparando café y unas tostadas con mermelada.
- Al fin despiertas, dormilona - dijo mi padre bromeando.
- Son las seis y cuarto de la mañana, no puede ser más pronto para mí.
- Si fuera para ver a Louis seguro que te levantarías más pronto.
- ¡Papá!
- Vale, vale, ya me callo.
Cogí una magdalena y exprimí una naranja. No me apetecía café.
- ¿Sólo vas a desayunar eso? - protestó mi madre.
- A estas horas no me cabe nada más.
Sentía que la cabeza me iba a explotar, pero se me pasaría pronto.
En cuanto terminé fui a lavarme los dientes y me lavé la cara. Fui a la habitación a por las maleta y bajé las escaleras con rapidez.
- ¡Vamos! - grité.
A los pocos segundos, aparecieron mis padres con dos maletas cada uno.
- Voy a echar de menos esta casa... - dijo mi madre.
- No te preocupes, Katheryn. No estará sola por mucho tiempo.
Los compradores llegarían esa misma tarde. Ya habían arreglado todo y mis padres ya habían cobrado el dinero.
- ¿Os vais a poner melancólicos ahora? ¡Venga!
Estaba totalmente impaciente por ver a Heather otra vez. Bueno, y para qué mentir, a Louis también. Además tenía curiosidad por conocer a Liam, su compañero de piso.
Metimos todas las maletas en el coche como buenamente pudimos y nos pusimos en marcha. Durante el camino, estuve hablando con Heather por WhatsApp, que para mi sorpresa esta despierta a esas horas. Me dijo que tenía muchas ganas de presentarme a sus hermanos, Niall y Harry. Es más, me confesó que ambos le parecían muy guapos. Estaba deseando verlos. Me vendría bien tener algunos amigos más a parte de Heather en el nuevo instituto. Ese era un tema preocupante. Nunca se me había dado demasiado bien hacer nuevos amigos, no era muy popular en el antiguo colegio, y aunque tenía mi pandilla reducida, me costaba acercarme al resto de la gente. Sería difícil volver a encajar en un sitio así. Pero tendría que acostumbrarme. Tenía que pensar que iba a tener a Heather, y que Louis estaría muy cerca; era lo único que me reconfortaba cuando por mi mente pasaba la gente nueva, el edificio desconocido, los profesores... Todo eso era algo que me producía escalofríos. A saber cómo darían las clases. Al menos los otros ya me los conocía y sabía hacia dónde tirar para contrarrestar.
[...]
Después de tres horas de viaje, llegamos a Nottingham. Tuvimos que recorrer las calles con el coche, hasta estuvimos a punto de perdernos antes de llegar a nuestra nueva casa. Era preciosa. Grande pero no demasiado, y con un pequeño y bonito jardín repleto de flores.
- Aquí estamos - dijo mi padre en voz baja.
Sacamos todas las maletas del coche y mi madre abrió la puerta. Era bastante espaciosa. Abajo estaba el salón, la cocina y un baño. Mi padre nos dijo que fuéramos subiendo mientras él comprobaba el buen estado de la antena de televisión. Arriba, abrí una de las puertas. Cama de matrimonio, colores serios. Estaba claro que esa no era la mía. Fui a otra, y me encontré una bañera reluciente, casi de lujo. Tampoco. Sólo quedaba una. Allí estaba mi habitación. Paredes azules con detalles amarillos en la parte de arriba, cerca del techo. Los muebles eran de caoba, la reconocía por el color y por el tacto.
- Cariño, cualquier cosa que necesites, estoy en la habitación de al lado. Dentro de un rato iremos papá y yo a comprar algo para comer.
- Vale, mamá.
Abrí las ventanas para dejar que corriese el aire mientras colocaba toda mi ropa en el armario vacío. Cuando terminé cambió totalmente de aspecto, no cabía una sola prenda más.
Cogí el teléfono y llamé a Heather.
- ¿Diga?
- ¡Ya estoy aquí!
- ¡Ann! ¿Qué tal el viaje?
- Bastante bien.
- ¿Ya estáis instalados?
- Más o menos. Ya he dejado el armario lleno de ropa, si te refieres a eso.
Oí una risa al otro lado del teléfono.
- Recuerdas nuestra tarde de compras, ¿verdad?
Pensé en Louis. Tenía muchas ganas de verlo, hacía por lo menos una semana que no lo abrazaba, que no lo tenía cerca. Simplemente oía su voz a través de un aparato. Pero también quería ver a Heather. Rápidamente, pensé en algo.
- ¿Te parece bien ir al centro comercial justo después de comer y que llame a Louis para verlo más tarde? - noté cómo el flujo de sangre circulaba por mis mejillas.
- Ohhh. Me parece perfecto. Cuando llames a Louis avisaré yo a Niall y Harry para que vengan, así se conocen.
- Genial. Bueno, nos vemos a la tarde.
- Avísame cuando estés lista y le pediré a Dorothy que nos acerque a las dos hasta el centro comercial.
- Vale. Hasta luego.
- Adiós, Ann.
[...]
Mi madre había traído espaguetis e hizo una salsa de tomate y atún deliciosa para echarles. Todo un manjar. Durante la comida les dije a mis padres que había quedado con Heather para ir al centro comercial. No mencioné nada de Louis para que mi padre no me echara la charla de siempre. "A ver qué haces", "cuidado con ese chico", "usa protección"... Eso último me hervía la sangre de tal manera que cuando me lo decía estaba horas sin dirigirle la palabra, ni para pedirle dinero.
En cuanto terminé de comer avisé a Heather por un mensaje, y en media hora ella y Dorothy llegaron a por mí. En cuanto vi a Heather corrí a abrazarla, y ella hizo lo mismo.
- Qué ganas tenía de verte - me dijo en mitad del abrazo.
- Y yo a ti.
Subimos al coche. Ambas teníamos pequeñas cosas que contarnos del largo verano que, por desgracia, acababa ese mismo día.
Una vez en el centro comercial, Dorothy se despidió de nosotras y se fue. Un amor de mujer.
- Bueno... - se frotó las manos - ¿por dónde empezamos?
- Diría que... por los gorros y las sudaderas.
- Cómo me conoces.
Recorrimos todas las tiendas buscando gorros de lana suaves, si era posible con pompones. Heather adoraba los pompones. Yo apostaba más por las orejeras. Además encontramos varias sudaderas perfectas para nosotras, y algún que otro pantalón de colores chillones. Teníamos un gusto bastante parecido para esas cosas. Cuando terminamos las compras, más o menos a las cinco y media de la tarde, paramos en un Starbucks del centro a tomar algo. Heather pidió un batido de vainilla y yo uno de chocolate, y para compartir, un muffin.
- Hazlo.
- ¿Qué?
- Estás deseando llamar a Louis, ¡vamos!
- Qué pesadita estás... Me da que tienes más ganas de verlo tú que yo.
- Ten en cuenta que es mi mejor amigo y no lo he visto en todo el verano. Tengo una excusa.
- Ah, claro. ¿Y yo no, que soy su novia?
- Mira cómo lo reclamas ahora...
- ¿Quieres callarte?
- ¿Quieres llamarlo ya?
- ¡Que ya voy, plasta! - dije dándole un pequeño empujón.
Cogí el móvil y lo busqué en la agenda.
- Hola, enana.
- Hola, Lou. ¿Cómo estás?
- Bueno...
- ¿Cómo que "bueno"?
- Estaría mejor que estuvieses conmigo.
- No seas empalagoso.
Heather ya se empezaba a reír.
- No soy empalagoso. Aún encima que te digo cosas bonitas...
- Idiota. Oye, que te llamaba para decirte que estoy con Heather en el centro comercial. ¿Puedes venir?
- Hm... Claro, supongo. ¿Te importa que le pregunte a Liam si quiere venir?
- Para nada.
- Espera un segundo. [...] Sí, se viene. Tienes ganas de conocerte.
- A saber qué le habrás contado de mí...
- Cosas buenas, tonta.
- Ya... claro. Como hiciste con el último amigo que me presentaste, ¿verdad?
- ¿Me lo vas a reprochar toda la vida?
- Sí.
- Estoy allí en veinte minutos.
- Vale. Hasta ahora.
- Te quiero.
- Yo no.
- Gracias. Hasta luego.
- No hay de qué, cariño. Ya nos vemos.
Colgué. En cuanto lo hice, Heather no pudo evitar soltar una carcajada de las suyas.
- ¿Qué pasa contigo? - pregunté algo molesta, sonriente.
- Sois una pareja graciosa, admítelo.
- Un poco...
[...]
Efectivamente, cuando estábamos terminando los batidos, vimos a Louis de lejos. Justo veinte minutos. Nos buscaba con la mirada junto a otro chico, más o menos de su misma altura, el pelo castaño claro, aunque muy cortito; parecía bastante fuerte, tenía los brazos anchos, pero no parecía de los típicos "machotes". Tenía cara de ser bastante dulce.
Saludé a Louis con la mano, no quería arriesgarme a mi grito inundara todo el edificio. Me vio y me hizo un gesto con la mano en seguida.
- ¡¡Louis!!
Heather rápidamente llamó la atención que yo no quise llamar. Corrió hacia él para darle un gran abrazo, mientras yo esperaba sentada. Entendía que tuviera ganas de verlo. Que tu mejor amiga también lo fuera de tu novio era una gran ventaja en todos los aspectos.
- ¡Heather! Qué ganas tenía de verte.
- Yo a ti también. Venid a sentaros.
Louis y Liam vinieron a nuestra mesa y se acomodaron.
- ¿Y a mí no me saludas, ni dices mi nombre, ni me abrazas? - le dije, haciéndome la indignada.
- No, nada de eso.
Se inclinó sobre mí y me besó. Echaba de menos esa sensación, incluso cuando había pasado una escasa semana.
- ¿Qué tal en la nueva casa? - me preguntó.
- Bien... Me costará adaptarme, pero no está mal.
- Recuerda que estoy aquí, ¿vale?
Asentí.
- Bueno, hago las presentaciones. Heather, Ann; este es Liam.
- Encantado - dijo él.
- Igualmente - respondimos Heather y yo a la vez.
- Entonces ya es definitivo - añadí.
- Me temo que sí - dijo Liam -, Louis tendrá que aguantarme durante mucho, mucho tiempo.
- Será soportable.
- ¡Oh! ¡Qué tonta! Tengo que llamar a Harry y Niall.
- Ay sí, llámalos, llámalos.
- ¿Quiénes son? - preguntó Louis.
- Los nuevos hermanos de Heather.
- Ah, los hijos de la novia de su padre, ¿cierto?
- Exacto.
Por lo que me había dicho Heather, estaba impaciente por verlos en persona. Seguro que acabaríamos siendo buenos amigos.
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