sábado, 20 de octubre de 2012

Capítulo 2.


Una vez abajo, nos sentamos a la mesa junto con mi padre y Dorothy.
- Menudo banquete – dije mientras me acomodaba en la silla.
- Pues aquí es así todos los días – me respondió Niall.
- Menuda suerte.
- Y tanto.
- Ya tuvo que saltar en glotón – dijo Harry.
- Soy feliz así. ¿Qué pasa?
Su pequeña discusión de mentirijilla hizo más amena la comida. Aunque Niall comió a la velocidad de la luz y volvió a su cuarto cuando los demás aún no habíamos comido ni la mitad de nuestra ración.
- Qué pesado está... - bufó Harry.
- Cariño, sabes que le hace mucha ilusión – respondió Dorothy.
- Sí, lo sé. Y lo entiendo. Es como yo con el canto. Pero aún así, debería pasar al menos un día con su nueva hermana, ¿no?
Parecía molestarle que Niall no me prestase la suficiente atención. Pero... ¿por qué? Quizás sólo intentaba ser cortés y el hecho de que su hermano no hiciese lo mismo le resultaba irritante.
Cuando terminamos de comer, Harry me llevó arriba, a su habitación, donde Niall seguía tocando.
- ¿Qué pasa ahora? - refunfuñó.
- Oye, a mí me da igual lo que me digas, pero respeta un poco a Heather. Digo yo.
- Eh, Harry, que no pasa nada. Es normal, sólo quiere ensayar tranquilo... Mejor me voy a mi habitación para acomodar toda mi ropa y mis otras cosas.
- ¿Seguro?
- Sí, sí. Tranquilo.
Les dediqué una sonrisa a ambos y salí del cuarto. Entré al mío, justo al lado, y comencé a sacar mis cosas de la maleta. Era una maleta enorme, aunque sólo traía las prendas a las que más cariño les tenía. Al día siguiente, aprovechando que era el último día antes de empezar las clases, iría de compras.
Saqué mis pantalones, faldas, leggins, camisetas, chaquetas, sudaderas, jerseys y zapatos. Una colección bastante grande. Mi camiseta favorita, por desgracia, era la que me había regalado mi ex-novio. Era preciosa, aunque me traía malos recuerdos. Mejor no pensar en ello.
De repente, me acordé de algo que había dicho Harry: “Es como yo con el canto”. Así que el ricitos cantaba... Tendría que obligarle a que me mostrase sus dotes. Pero después de ponerlo todo en su sitio.
Cuando terminé de colocar la ropa, empecé a sacar el resto de las cosas. Mis discos, libros, películas y fotografías. Las que tenía con Ann y Louis eran a las que más cariño les tenía. Mientras las estaba mirando y sonriendo como una completa estúpida, sonó mi teléfono en mi bolsillo. Adivina, adivinanza.
- ¡Ann!
- ¡Hola, Heather! ¿Qué tal en Nottingham?
Pues de momento genial. ¿Y tú con Louis, qué tal, eh?
Oí una pequeña risa al otro lado.
- Como siempre.
- ¿Como siempre?
- Sí.
- ¿Y cómo es como siempre?
- No seas tonta, lo sabes de sobra.
- Es verdad...
- Bueno, que nos desviamos del tema. Tengo una sorpresa.
- ¿En serio? ¿Qué es?
- ¿Preparada?
- ¡Sí! ¡Venga, suéltalo!
- ¡He convencido a mis padres para mudarnos a Nottingham!
- ¡Ahhh! ¿Qué dices? ¿Va en serio?
- Totalmente. Saben que somos como hermanas. Además, tenemos familiares allí, y ellos ya habían estado pensando en cambiar de casa desde hace mucho tiempo.
- ¡No me lo puedo creer! Pero eh, ¿y Louis?
- ¿Te acuerdas que estaba buscando casa cerca de alguna universidad?
- Sí.
- Pues va a ir a la universidad de Nottingham, porque ha encontrado allí un piso que está bastante bien, y lo va a compartir con un tal Liam. Me dijo que parecía un chico bastante formal cuando habló con él por teléfono. De todas formas, hoy se van a conocer. Quedaron en una cafetería de las afueras de la ciudad.
- Ay, aún no me entra en la cabeza que vayas a vivir aquí. ¿Irás a mi mismo instituto?
- ¡Claro!
- Joder. Esto es demasiada información en un mismo día. Mis mejores amigos vienen a mi nueva ciudad, tú vas a mi mismo insituto, mis hermanos estás para comérselos...
- ¿Perdona? No me habías hablado de eso.
- Primero, ¿cuándo te mudas?
- Mañana. Tenemos una casa con los muebles incluídos y todo.
- Qué suerte.
- Sí, bueno aunque nos ha costado un ojo de la cara.
- Entonces mañana nos vemos. ¿Cual es tu nueva dirección? - cogí un bolígrafo y un papel que encontré esparcidos por la mesa de estudio.
- Calle Huntingdon número 3.
- Perfecto. Mañana le diré a la novia de mi padre que me lleve y te hago una visita.
- Pero aún no me has dicho nada de esos hermanos que están para comérselos, Heather.
- Querida Ann, ten paciencia. Mañana te los presento.
- Vale, vale. Yo juzgaré si alguno es bueno para ti.
No pude evitar soltar una carcajada.
- Qué bien me cuidas.
- No lo dudes.
- Mañana nos vemos.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgué y dejé el móvil encima de la mesa. ¿En serio mis dos mejores amigos iban a venir a vivir a mi ciudad? Increíble.

Terminé de ordenarlo todo, incluído mi portátil, que dejé en la mesa de trabajo para cuando lo pudiese necesitar. Entonces, toqué en la puerta del cuarto de los chicos. Temía que Niall se enfadase conmigo, pero era un riesgo que debía correr si quería que Harry me enseñase un poco el barrio. Fue éste el que abrió la puerta con gesto cansado.
- ¿Ya has ordenado todo?
- Sí. Y me preguntaba si podrías enseñarme la calle. Para sentirme más cómoda y esas cosas. Aunque más bien me sentiré pobre, porque todas las casas aquí son inmensas y todos parecen asquerosamente ricos.
Él rió mientras yo caminaba hacia su cama para sentarme.
- No te preocupes, ahora tú también eres asquerosamente rica.
- Asquerosa no – repliqué con humor.
Niall había dejado de tocar y nos escuchaba con semblante serio. Seguramente le estaría molestando. Me sentía estúpida.
- Niall, ¿quieres venir? Así te despejas un poco – le preguntó Harry.
Él se lo tuvo que pensar durante unos largos segundos, pero al final acabó cediendo.
- ¡Al fin! Venga, vamos.
- Pero espera que me arreglo un poco.
- No tienes que arreglarte, Niall, así vas perfecto – le dije para tranquilizarle. - Simplemente cálzate y ya está.
- Pero...
- Nada de peros. Venga.
Resopló y se puso unas supras blancas a juego con el resto de su ropa. Yo fui a coger una chaqueta vaquera por si refrescaba.
Bajamos las escaleras y Harry se encargó de ir a avisar a Dorothy y a mi padre de que nos íbamos a dar una vuelta.
- ¡Pasadlo bien, chicos! - dijo mi padre.
- Gracias, Aiden – respondió Niall.
- Y cuidad de Heather.
- ¡Papá!
- Descuida – dijo Harry con una sonrisa.
Se puso sus Rayban y abrió la puerta para dejarnos salir a Niall y a mí. Paseamos a lo largo de toda la calle.
- Dios mío - dije - estas casas son espléndidas.
- Tampoco es para tanto – dijo Niall con cara de indiferencia.
- ¿Que no es para tanto?
- La nuestra es mejor – respondió con aire de superioridad.
- Bah, sí, eso es cierto – dije yo, siguiéndole.
Al final todos reímos.
Había que reconocer que mis hermanos me parecían bastante pijos, pero eran muy amables y divertidos. Además de guapísimos. Tendría que darles una oportunidad.
- Eh, Niall, ¿te parece que llame a Zayn y Brooklyn?
- Por mí genial.
- ¿Quiénes son?
- Nuestro mejor amigo y su novia. Bueno, en realidad ella ahora es como nuestra mejor amiga, o parte de la familia. Te caerán bien.
Harry cogió su iPhone, de nuevo pretendía darme envidia, toqueteó la pantalla unas cuantas veces y puso el móvil en su oreja.
- Hola, Zayn... Pues muy bien... Sí sí, ya ha llegado. Precisamente te llamaba porque estamos Niall y yo con ella en la calle. ¿Estás con Brooklyn?... Perfecto. Pues, ¿queréis venir?... Podemos quedar en el Starbucks de siempre... Vale. Hasta ahora.
- ¿Aquí tenéis Starbucks?
- Claro – dijo Niall.
- Pues en Bristol no había ni uno...
- Es que Nottingham es mucho mejor.
- No, si eso no te lo niego, rubio.
¡Uy! Le había llamado rubio. ¿Le habría molestado? La verdad es que lo había hecho sin pensar. Cuando estaba en Bristol, hacía unos tres años, mi mejor amigo también era rubio y le llamaba así.
- ¿Me has llamado rubio? - preguntó, alzando una ceja.
- Sí...
- Me gusta.
Me sonrió, le sonreí. Bonita sonrisa. Bonitos ojos. Bonito pelo. “¡Heather!” Tenía que dejar de fijarme en Niall y Harry. No iban a traerme nada bueno.
- Permitidme que os recuerde que sois hermanos.
- ¿Estás celoso? - dijo Niall, sonriente.
- Pfff, sí, claro. Sigue soñando, princesita rubia.
- Pero si yo te quiero mucho, Harold.
Niall fue a abrazar a Harry mientras avanzábamos por la acera, supuestamente hacia ese famoso Starbucks. Yo no pude evitar reír, y bastante escandalosamente, por cierto, ante las carantoñas que Niall pretendía hacerle a Harry, pero las cuales éste evitaba.
Después de unos minutos, llegamos a un Starbucks.
- ¿Es este? - pregunté.
- Sí – respondió Harry, mientras se quitaba de encima a Niall – el siguiente más cercano está a tres kilómetros, así que...
- Sí, mejor quedarnos aquí – dije antes de que pudiese continuar.
Nada más entrar, pude ver a una pareja sentada en una mesa lo suficientemente grande para seis personas. Un chico moreno de piel, pelo oscuro, un poquitín de barba, atractivo. En frente, una chica también bastante morena, pelo negro y largo; muy guapa. Sólo había otros tres chicos, sentados más alejados, así que supuse que serían ellos dos. Y supuse bien.


jueves, 11 de octubre de 2012

Capítulo 1.

Allí estaba. Mi nuevo hogar, la nueva ciudad. Gente desconocida... y mi padre.
Hacía unos seis meses que mis padres se habían separado, que ya habían terminado con todo el papeleo. Se separaron porque mi padre quería empezar una nueva vida. Fue una separación pacífica, de mutuo acuerdo. Decidimos que mi hermano pequeño, Matthew, se quedase con mi madre en Bristol; allí tenía todos sus recuerdos y sus amistades. En cambio, mis padres creyeron que yo me adaptaría bien a vivir en Nottingham, donde mi padre tenía un nuevo trabajo muy bien remunerado.
Y ahí estaba yo. A punto de conocer a la pareja de mi padre y su hijo, ya que según tenía entendido ella también se había separado, aunque con más dificultades; y en el juicio, se había quedado ella con la custodia del chico en cuestión.
Estábamos en el aeropuerto, yo sentada en mi maleta y mi padre mirando a todas partes cargando con su equipaje de mano. Buscándola.
De pronto, vi que una mujer se dirigía de forma efusiva hacia nosotros y a mi padre se le dibujaba una sonrisa en la cara. Algo más atrás, venía un muchacho de cabello castaño, rizado. Parecía alto. Con una camiseta blanca, unos pantalones azules marinos y unas converse también blancas, ya algo gastadas; además, tenía puestas unas gafas Rayban. Me levanté de la maleta y la arrastré hasta donde mi padre y aquella mujer se fundían en un precioso abrazo. Había amor, de eso no tenía duda. Cuando se separaron, mi padre me rodeó por los hombros.
- Heather, esta es Dorothy. Dorothy, mi hija.
- Hola, pequeña. Tu padre me ha hablado mucho de ti – me dio un cálido abrazo y un beso en cada mejilla.
- Encantada, Dorothy – le dediqué una amplia sonrisa.
-Y este hombretón de aquí es Harry, su hijo – continuó mi padre.
- Encantado, Heather – se acercó y me dio dos besos, igual que su madre.
- Igualmente, Harry.
Parecía una chico educado. Habría que esperar a estar a solas, porque delante de un padre o una madre uno siempre intenta ser la mejor persona sobre la faz de la Tierra, pero por detrás las cosas cambian. Nunca nada es lo que parece ser.
Dorothy nos guió hasta fuera, a su resplandeciente Volvo negro, brillante como los chorros del oro. No pude evitar exclamar un “wow” de admiración hacia ese fantástico coche.
- Te gusta, ¿eh? - me susurró Harry.
Yo simplemente sonreí y le miré a los ojos. Bueno a las gafas, que se quitó en un acto reflejo y las dejó colgando del cuello de su camiseta. Verdes aceituna, preciosos. “Heather, es tu hermanastro”. Esa frase se repetía en mi cabeza cada dos segundos desde el mismo momento en que lo vi de cerca. Él abrió una de las puertas traseras y yo entré con sumo cuidado mientras él metía mi equipaje y el de mi padre en el amplio maletero del coche. Dorothy ocupó el asiento del conductor; mi padre (que se llamaba Aiden, por cierto, debido a su ascendencia irlandesa) el del copiloto, y Harry se sentó en el otro extremo de la parte trasera del espléndido vehículo.
Acaricié el suave cuero beige con la palma de mi mano. Era un coche de ensueño. Debían de ser adinerados.
Dorothy comenzó a hablar.
- Bueno, Heather, debes saber que tienes otro hermanastro.
Oh, eso era nuevo.
- Pero es mi hijo adoptado. Adoptado como soltera. Así que no tiene el mismo apellido que Harry.
- ¿Y cómo se llama? - tenía bastante curiosidad.
- Nialler. Pero bueno, todos lo llaman Niall para acortar. En fin, ya haremos las presentaciones en casa.
No sabía por qué mi padre no me había hablado de eso. Pero bueno, un hermano más... suponía que no pasaría nada. Además, si era tan guapo como Harry casi era una ventaja. “¡Heather! ¡Para ya!”, ya volvía la vocecilla de mi cabeza.
Después de media hora aproximadamente, llegamos a una casa enorme. Casi podía decir que era una mansión. Era espectacular. Eché mi flequillo hacia el lado contrario al que estaba y la observécon detenimiento. Blanca, ventanales amplios con las compuertas azul oscuro, una pequeña terraza en la parte frontal con una que otra mecedora, un jardín impresionante, con flores de todos los colores y una fuente en el centro que debías rodear con el coche para poder llegar hasta la entrada de la casa.
- Podría acostumbrarme a esto.
- Es lo que vas a tener que hacer, preciosa – respondió mi padre.
Sonreí.
Bajamos del coche y me dispuse a coger mi maleta, pero Harry ya se había adelantado.
- Vaya, gracias. Muy amable.
- No te acostumbres, hermanita.
- Descuida.
Harry también cogió el equipaje de mi padre y se lo entregó, a lo que él respondió con una sonrisa. Se acercó a mí mientras yo arrastraba la maleta por el camino de piedras hasta los tres escalones que ayudaban a subir a la terraza de la entrada principal.
- Te has ganado un buen hermanastro, Heather.
- Ya lo creo – agaché la cabeza, sonriente.
La verdad, me gustaba bastante ese chico. Aún así, tendría toda la tarde para conocerle a él y a mi otro nuevo hermano, Niall.
Dorothy abrió la puerta y nos dejó pasar a mi padre y a mí primero.
- Wow – exclamó mi padre, lo mismo que yo con el coche.
- ¿Te gusta, Aiden? - preguntó Dorothy, entusiasmada.
- Casi tan preciosa como tú.
- Cállate, pareces un adolescente.
Por algún extraño motivo, después de esa frase, Harry y yo nos miramos y no pudimos evitar reír.
Dorothy se acercó a las escaleras que daban al piso de arriba y las subió hasta el primer “descanso”.
- ¡Niall, ya están aquí!
- ¡Ya voy! - se oyó de lejos.
Bonita voz.
Lo vi bajar a toda prisa, con una guitarra en la mano agarrada por el mástil como buenamente podía.
- ¿No dejas la guitarra ni para saludar a la gente, o qué? - bromeó Harry.
- Cállate – dijo él con una sonrisa.
- Niall, este es Aiden – comenzó Dorothy.
- Encantado – Niall le dio un abrazo a mi padre con el brazo que le quedaba libre, y éste le dio dos golpecitos en la espalda.
- Y esta Heather, vuestra nueva hermana.
Me quedé mirándolo unos segundos. Pelo rubio, probablemente teñido, ya que sus raíces eran bastante más oscuras que el resto del pelo, una sonrisa despampanante y unos ojos azules hipnotizadores.
- Encantado, Heather.
- Igualmente, Niall – le di un beso en cada mejilla y le dediqué una pequeña sonrisa, no muy segura de mí misma.
Demasiadas emociones en un solo día. Claro, lo lógico: mis dos nuevos hermanastros tenían que parecerme guapísimos, adorables y perfectos. ¡Genial, Heather, empezabas con buen pie! Además, el hecho de que en dos días empezasen las clases en el nuevo instituto no me reconfortaba.
- Vuelvo arriba a ensayar – dijo Niall con prisa.
Se dirigió a las escaleras y las subió corriendo velozmente.
- ¿A dónde va? - le pregunté a Harry.
- Es que está ensayando para una audición del instituto.
- Oh. Nos ha salido músico.
- Más o menos. Se podría decir.
Harry rió levemente. Empezó a sonar algo, era un móvil. El suyo, en concreto. Lo sacó del bolsillo, un iPhone reluciente y blanco, y cuando miró la pantalla una sonrisa se dibujó en su cara.
- Perdona un segundo.
Se alejó hacia lo que debía ser una biblioteca o algo por el estilo, ya que la cocina estaba ocupada por mi padre y Dorothy.
Me quedé allí de pie como una imbécil, esperando a que volviese Harry y me enseñase un poco la tremenda mansión. Mientras, me pareció escuchar una suave melodía proveniente del piso de arriba. Era Niall con la guitarra, eso seguro. Me acerqué al pasamanos de las escaleras y me apoyé allí para escuchar mejor. Parecía estar tocando “I'm Yours” de Jason Mraz. Adoraba esa canción. Comencé a cantarla en voz baja, y de repente, apareció Harry por detrás de mí.
- Qué bien suena – me dijo al oído.
Me sobresalté y una pequeña carcajada salió de mi garganta.
- Me has asustado.
- Perdona.
- ¿Era tu novia?
- ¿Eh?
- La llamada, Harry.
- ¡Ah! Eh... no. No, no era mi novia. Por desgracia.
- La chica que te gusta.
- ¡Bingo! Qué bien se te da esto.
- Lo llevo en la sangre. Mi madre es igual. ¿Puedo saber su nombre?
- Emma. La conozco desde hace poco más de un año, somos muy amigos, pero ella no tiene ni idea de que me gusta.
- ¿No crees que estaría bien arriesgarse?
Él abrió mucho los ojos y rió de forma irónica.
- Debes estar de broma.
- No lo estoy.
- No puedo hacer eso, Heather. No me sale.
- ¿Que no te sale? Pero si no es tan difícil.
- Claro, eso es porque no estás en mi situación.
- Sois los chicos los que tenéis que tomar la iniciativa.
- ¿Y si me rechaza?
- No pierdes nada. Si de verdad es tu amiga, aunque le digas que te gusta, seguirá siéndolo.
- ¿Tú crees?
Asentí con tranquilidad. ¿De verdad estaba animando a mi hermano, el cual me parecía un trozo de pan y asombrosamente guapo, a declararse a la chica que le gustaba? ¿De verdad estaba desperdiciando una oportunidad nada más llegar? “¡Como no espabiles te quedas sola!”.
- ¡Cállate!
- ¿Qué?
- Oh, perdona – le puse una mano en el hombro y no pude evitar reírme – no era por ti.
- ¿Hablabas sola?
- Con mi conciencia. Me está torturando sin piedad hoy.
- Date un respiro, anda. ¿Quieres que te enseñe el piso de arriba?
- Claro.
Comencé a subir las escaleras, y Harry detrás de mí.
Así que Emma... Hm. Tendría que darle el visto bueno.
Una vez arriba, pasamos por delante de la habitación de los chicos, donde Niall estaba tocando. Pero paró cuando nos vio entrar.
- Perdona si te molestamos...
- Oh no, Heather. No sois molestia. Llevo ensayando todo el día. Más bien toda la semana. Me he enterado de que habrá unas audiciones en el instituto justo la segunda semana de clase, y quiero estar preparado.
- Lo harás genial.
Le dediqué una sonrisa y él me la devolvió. Realmente adorable.
- Bueno – comenzó Harry – como puedes ver, esta es nuestra habitación.
- Se nota por el desorden.
- Gracias, hermanita.
- De nada, hermanito.
- Puedes pasarte por aquí cuando quieras, tengas el problema que tengas.
- Me parece bien. Muchas gracias, chicos. De verdad. Creo que nos llevaremos bien.
- Yo también lo creo.
Harry se me quedó mirando, pero de una manera diferente a las anteriores. Quizás solo serían imaginaciones mías. Sí, sería eso. Qué tontería. Le gustaba esa tal Emma, no yo. Era su hermanastra, y quizás él tendría mejor ética que yo.
Salimos de la habitación y dejamos a Niall ensayando. Harry abrió la puerta de la estancia contigua.
- Y este es tu cuarto.
- Oh, qué bonito. Me gusta.
Las paredes estaban pintadas de verde suave y el techo era blanco, con una pequeña lámpara colgando del centro. El suelo era moqueta, también verde, pero más oscuro. Y la cama blanca, con una colcha salpicada de grandes círculos naranjas.
- ¿De verdad te gusta? Puedes redecorarla a tu gusto si quieres.
- No, no. Tranquilo. Es perfecta. De momento está bien así. Te lo haré saber si cambio de opinión. Voy a probar el colchón.
Entré en la habitación y me senté en el borde de la cama, pegando diminutos botes para comprobar si era lo suficientemente blanda.
- Uh, qué cómoda.
Harry me miró intrigado y vino a sentarse a mi lado para rebotar conmigo. Comencé a saltar más fuerte y reírme, hasta que no pude más y paré.
- ¿Ya te has cansado?
- Serás tú, que estarás lleno de energía.
Puso su mano en mi estómago y me empujó hacia atrás para que cayera sobre la cama.
- Agresivo – protesté.
- Blanda.
- Calla.
- No me ordenes, que soy mayor que tú.
Le eché la lengua y me levanté.
- ¿Me vas a enseñar el resto o qué?
- Pues ahora te quedas aquí.
- ¡Pero si has sido tú el que me ha empujado!
- Mira, porque soy un buen chico - dijo llevándose una mano al pecho - que si no... Anda. Vamos.
Le miré mal y salimos. Me enseñó todo el resto de la planta de arriba, hasta que fue la hora de almorzar.
Harry y yo bajamos juntos. Niall se quedó algo atrás, ya que intentaba perfeccionar un acorde que parecía resistirse a sus manos. Debía ser extremadamente difícil, porque con esa guitarra y la habilidad que tenía, todo sonaba harmonioso.