Una vez abajo, nos sentamos a la mesa junto con mi padre y Dorothy.
- Menudo banquete – dije mientras me acomodaba en la silla.
- Pues aquí es así todos los días – me respondió Niall.
- Menuda suerte.
- Y tanto.
- Ya tuvo que saltar en glotón – dijo Harry.
- Soy feliz así. ¿Qué pasa?
Su pequeña discusión de mentirijilla hizo más amena la comida. Aunque Niall comió a la velocidad de la luz y volvió a su cuarto cuando los demás aún no habíamos comido ni la mitad de nuestra ración.
- Qué pesado está... - bufó Harry.
- Cariño, sabes que le hace mucha ilusión – respondió Dorothy.
- Sí, lo sé. Y lo entiendo. Es como yo con el canto. Pero aún así, debería pasar al menos un día con su nueva hermana, ¿no?
Parecía molestarle que Niall no me prestase la suficiente atención. Pero... ¿por qué? Quizás sólo intentaba ser cortés y el hecho de que su hermano no hiciese lo mismo le resultaba irritante.
Cuando terminamos de comer, Harry me llevó arriba, a su habitación, donde Niall seguía tocando.
- ¿Qué pasa ahora? - refunfuñó.
- Oye, a mí me da igual lo que me digas, pero respeta un poco a Heather. Digo yo.
- Eh, Harry, que no pasa nada. Es normal, sólo quiere ensayar tranquilo... Mejor me voy a mi habitación para acomodar toda mi ropa y mis otras cosas.
- ¿Seguro?
- Sí, sí. Tranquilo.
Les dediqué una sonrisa a ambos y salí del cuarto. Entré al mío, justo al lado, y comencé a sacar mis cosas de la maleta. Era una maleta enorme, aunque sólo traía las prendas a las que más cariño les tenía. Al día siguiente, aprovechando que era el último día antes de empezar las clases, iría de compras.
Saqué mis pantalones, faldas, leggins, camisetas, chaquetas, sudaderas, jerseys y zapatos. Una colección bastante grande. Mi camiseta favorita, por desgracia, era la que me había regalado mi ex-novio. Era preciosa, aunque me traía malos recuerdos. Mejor no pensar en ello.
De repente, me acordé de algo que había dicho Harry: “Es como yo con el canto”. Así que el ricitos cantaba... Tendría que obligarle a que me mostrase sus dotes. Pero después de ponerlo todo en su sitio.
Cuando terminé de colocar la ropa, empecé a sacar el resto de las cosas. Mis discos, libros, películas y fotografías. Las que tenía con Ann y Louis eran a las que más cariño les tenía. Mientras las estaba mirando y sonriendo como una completa estúpida, sonó mi teléfono en mi bolsillo. Adivina, adivinanza.
- ¡Ann!
- ¡Hola, Heather! ¿Qué tal en Nottingham?
- Pues de momento genial. ¿Y tú con Louis, qué tal, eh?
Oí una pequeña risa al otro lado.
- Como siempre.
- ¿Como siempre?
- Sí.
- ¿Y cómo es como siempre?
- No seas tonta, lo sabes de sobra.
- Es verdad...
- Bueno, que nos desviamos del tema. Tengo una sorpresa.
- ¿En serio? ¿Qué es?
- ¿Preparada?
- ¡Sí! ¡Venga, suéltalo!
- ¡He convencido a mis padres para mudarnos a Nottingham!
- ¡Ahhh! ¿Qué dices? ¿Va en serio?
- Totalmente. Saben que somos como hermanas. Además, tenemos familiares allí, y ellos ya habían estado pensando en cambiar de casa desde hace mucho tiempo.
- ¡No me lo puedo creer! Pero eh, ¿y Louis?
- ¿Te acuerdas que estaba buscando casa cerca de alguna universidad?
- Sí.
- Pues va a ir a la universidad de Nottingham, porque ha encontrado allí un piso que está bastante bien, y lo va a compartir con un tal Liam. Me dijo que parecía un chico bastante formal cuando habló con él por teléfono. De todas formas, hoy se van a conocer. Quedaron en una cafetería de las afueras de la ciudad.
- Ay, aún no me entra en la cabeza que vayas a vivir aquí. ¿Irás a mi mismo instituto?
- ¡Claro!
- Joder. Esto es demasiada información en un mismo día. Mis mejores amigos vienen a mi nueva ciudad, tú vas a mi mismo insituto, mis hermanos estás para comérselos...
- ¿Perdona? No me habías hablado de eso.
- Primero, ¿cuándo te mudas?
- Mañana. Tenemos una casa con los muebles incluídos y todo.
- Qué suerte.
- Sí, bueno aunque nos ha costado un ojo de la cara.
- Entonces mañana nos vemos. ¿Cual es tu nueva dirección? - cogí un bolígrafo y un papel que encontré esparcidos por la mesa de estudio.
- Calle Huntingdon número 3.
- Perfecto. Mañana le diré a la novia de mi padre que me lleve y te hago una visita.
- Pero aún no me has dicho nada de esos hermanos que están para comérselos, Heather.
- Querida Ann, ten paciencia. Mañana te los presento.
- Vale, vale. Yo juzgaré si alguno es bueno para ti.
No pude evitar soltar una carcajada.
- Qué bien me cuidas.
- No lo dudes.
- Mañana nos vemos.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgué y dejé el móvil encima de la mesa. ¿En serio mis dos mejores amigos iban a venir a vivir a mi ciudad? Increíble.
Terminé de ordenarlo todo,
incluído mi portátil, que dejé en la mesa de
trabajo para cuando lo pudiese necesitar. Entonces, toqué en
la puerta del cuarto de los chicos. Temía que Niall se
enfadase conmigo, pero era un riesgo que debía correr si
quería que Harry me enseñase un poco el barrio. Fue
éste el que abrió la puerta con gesto cansado.
- ¿Ya has ordenado todo?
- Sí. Y me preguntaba si podrías enseñarme la calle. Para sentirme más cómoda y esas
cosas. Aunque más bien me sentiré pobre, porque todas
las casas aquí son inmensas y todos parecen asquerosamente
ricos.
Él rió mientras yo caminaba hacia su cama para
sentarme.- No te preocupes, ahora tú también eres asquerosamente rica.
- Asquerosa no – repliqué con humor.
Niall había dejado de tocar y nos escuchaba con semblante serio. Seguramente le estaría molestando. Me sentía estúpida.
- Niall, ¿quieres venir? Así te despejas un poco – le preguntó Harry.
Él se lo tuvo que pensar durante unos largos segundos, pero al final acabó cediendo.
- ¡Al fin! Venga, vamos.
- Pero espera que me arreglo un poco.
- No tienes que arreglarte, Niall, así vas perfecto – le dije para tranquilizarle. - Simplemente cálzate y ya está.
- Pero...
- Nada de peros. Venga.
Resopló y se puso unas supras blancas a juego con el resto de su ropa. Yo fui a coger una chaqueta vaquera por si refrescaba.
Bajamos las escaleras y Harry se encargó de ir a avisar a Dorothy y a mi padre de que nos íbamos a dar una vuelta.
- ¡Pasadlo bien, chicos! - dijo mi padre.
- Gracias, Aiden – respondió Niall.
- Y cuidad de Heather.
- ¡Papá!
- Descuida – dijo Harry con una sonrisa.
Se puso sus Rayban y abrió la puerta para dejarnos salir a Niall y a mí. Paseamos a lo largo de toda la calle.
- Dios mío - dije - estas casas son espléndidas.
- Tampoco es para tanto – dijo Niall con cara de indiferencia.
- ¿Que no es para tanto?
- La nuestra es mejor – respondió con aire de superioridad.
- Bah, sí, eso es cierto – dije yo, siguiéndole.
Al final todos reímos.
Había que reconocer que mis hermanos me parecían bastante pijos, pero eran muy amables y divertidos. Además de guapísimos. Tendría que darles una oportunidad.
- Eh, Niall, ¿te parece que llame a Zayn y Brooklyn?
- Por mí genial.
- ¿Quiénes son?
- Nuestro mejor amigo y su novia. Bueno, en realidad ella ahora es como nuestra mejor amiga, o parte de la familia. Te caerán bien.
Harry cogió su iPhone, de nuevo pretendía darme envidia, toqueteó la pantalla unas cuantas veces y puso el móvil en su oreja.
- Hola, Zayn... Pues muy bien... Sí sí, ya ha llegado. Precisamente te llamaba porque estamos Niall y yo con ella en la calle. ¿Estás con Brooklyn?... Perfecto. Pues, ¿queréis venir?... Podemos quedar en el Starbucks de siempre... Vale. Hasta ahora.
- ¿Aquí tenéis Starbucks?
- Claro – dijo Niall.
- Pues en Bristol no había ni uno...
- Es que Nottingham es mucho mejor.
- No, si eso no te lo niego, rubio.
¡Uy! Le había llamado rubio. ¿Le habría molestado? La verdad es que lo había hecho sin pensar. Cuando estaba en Bristol, hacía unos tres años, mi mejor amigo también era rubio y le llamaba así.
- ¿Me has llamado rubio? - preguntó, alzando una ceja.
- Sí...
- Me gusta.
Me sonrió, le sonreí. Bonita sonrisa. Bonitos ojos. Bonito pelo. “¡Heather!” Tenía que dejar de fijarme en Niall y Harry. No iban a traerme nada bueno.
- Permitidme que os recuerde que sois hermanos.
- ¿Estás celoso? - dijo Niall, sonriente.
- Pfff, sí, claro. Sigue soñando, princesita rubia.
- Pero si yo te quiero mucho, Harold.
Niall fue a abrazar a Harry mientras avanzábamos por la acera, supuestamente hacia ese famoso Starbucks. Yo no pude evitar reír, y bastante escandalosamente, por cierto, ante las carantoñas que Niall pretendía hacerle a Harry, pero las cuales éste evitaba.
Después de unos minutos, llegamos a un Starbucks.
- ¿Es este? - pregunté.
- Sí – respondió Harry, mientras se quitaba de encima a Niall – el siguiente más cercano está a tres kilómetros, así que...
- Sí, mejor quedarnos aquí – dije antes de que pudiese continuar.
Nada más entrar, pude ver a una pareja sentada en una mesa lo suficientemente grande para seis personas. Un chico moreno de piel, pelo oscuro, un poquitín de barba, atractivo. En frente, una chica también bastante morena, pelo negro y largo; muy guapa. Sólo había otros tres chicos, sentados más alejados, así que supuse que serían ellos dos. Y supuse bien.