sábado, 15 de diciembre de 2012
Capítulo 5
[Narra Heather.]
- ¿Diga?
- ¿Niall? Dime que eres tú y que ayer debido a mi cansancio no apunté mal tu número.
Oí una carcajada.
- Sí, sí, soy yo, Heather.
- Perfecto. ¿Venís?
Ya le había comentado a él y a Harry a dónde iba y que los llamaría para unirse, así que di por hecho que se acordaría.
- Claro, avisaré a Harry y a tu padre.
- ¿Mi padre?
- No queremos abusar de Dorothy como chófer privado.
- ¡Oh!, vale, vale. Os esperamos en el Starbucks del centro.
- ¿En cuál de ellos?
- Ah, ¿que hay más de uno?
- Claro, tonta. Estás en Nottingham.
- Perdóneme, señorito.
- Perdonada.
- Bueno, estamos en la segunda planta. ¿Te sirve de algo?
- Sí. Os encontraremos con facilidad.
- Hasta ahora, entonces.
- Hasta ahora.
Me volví a sentar, observando cómo Louis y Ann se lanzaban miraditas y bromeaban. El pobre Liam estaba un poco de sujetavelas, por así decirlo, así que intenté darle conversación.
- Bueno, Liam. ¿Cuántos años tienes?
- Diecinueve. ¿Y tú?
- Diecisiete. Me siento una enana.
- Para nada.
- ¿Qué estás estudiando?
- Aeronáutica. Es difícil, sí - dijo asintiendo, frunciendo el ceño -, pero me gusta.
- Eso es lo importante. ¿Qué tal lo llevas?
- De momento bien. Espero que los suspensos tarden en aparecer.
Seguimos manteniendo una animada charla sobre las carreras que él estuvo barajando antes de decidirse por la suya, y sobre otras cosas variadas. Me gustaba ese chico. Podríamos entablar una gran amistad. Eso esperaba yo, al menos.
A la media hora, más o menos, vi de lejos a Harry y Niall, pero disimulé. Ya había montado el espectáculo con Louis. Esta vez fueron ellos los que saludaron al llegar.
- Hola, hermanita - comenzó Harry.
- No me llames hermanita.
- ¿Por qué? Si te lo digo con cariño.
- Calla. Bueno, Ann, aquí los tienes. Este es Harry, y este es Niall.
- Encantada, chicos.
- Igualmente - dijeron a la vez.
- Este - continué, señalando a Louis - es el novio de Ann, Louis. Y él es Liam, su compañero de piso.
Se saludaron, y Harry y Niall cogieron sillas de otras mesas para poder sentarse con nosotros. Niall se puso a mi lado. Me paré a pensar en lo que me había contado el día anterior. Todo lo de su padre... No me había acordado en todo el día hasta que lo tuve tan cerca. Sólo podía pensar en él como algo que tenía que proteger de cualquier mal, nada más. Me sentía como su ángel de la guarda, solo que sin alas y no tan bonita.
- ¿Estás mejor? - le susurré.
- ¿Eh?
- Lo de ayer, Niall.
- Oh. Sí, sí. No te preocupes.
- ¿Seguro?
- Que sí. Ya te dije que lo tenía superado, solo que ayer me derrumbé al verlo allí... Fue algo difícil. No pensaba que después de tanto tiempo lo fuera a reconocer, pero no ha cambiado nada.
Vi cómo bajaba la mirada. Empezaba a arrepentirme de haber sacado el tema.
- Siento habértelo recordado.
Él negó con la cabeza e intentó esbozar una sonrisa.
- No pasa nada.
¿Eras tonta, Heather? No sabía para qué había dicho nada. Simplemente tenía la necesidad de saber cómo estaba, pero seguramente el haber dicho eso había empeorado su estado de ánimo. Imbécil.
[...]
La tarde con todos ellos no había estado nada mal. Me dio pena despedirme de Louis y Ann. Pero sobretodo de Louis, porque sabía que en unos días no volvería a verlo. Le echaría de menos. Cuando llegamos a casa, Niall fue directamente a la cocina. Yo le seguí, mientras Harry subía las escaleras mirando su móvil con una sonrisa en la cara. Quizás sería esa chica, Emma. Sólo ella le provocaba esa felicidad.
- ¿Ya vas a comer, Nialler?
Le soprendió que le llamara así. Seguramente sólo lo haría Dorothy y quizás en el colegio cuando pasaban lista.
- ¿Te molesta?
- ¿El qué? - dijo curvando ligeramente la línea de sus labios.
- Que te llame Nialler.
- Siempre que me lo llames tú y no Harry...
No pude evitar reír.
- Pobre Harry. Seguro que no lo hace con mala intención cuando te llama así.
Me acerqué a él y me apoyé sobre la encimera, donde estaba preparando lo que parecía un delicioso sandwich.
- Siempre lo hace para pedirme algo o para fastidiarme. Así que cuando "Nialler" sale de la boca de Harry no puede ser nada bueno.
Estaba totalmente centrado en preparar su comida. Jamón, queso, lechuga, tomate... Casi todo lo posible que un sandwich puede llevar. De repente, Dorothy apareció por la puerta.
- ¡Hola, chicos! No os he oído llegar. ¿Y Harry?
- Está arriba - contesté yo, supondiendo que Niall no podía levantar la vista del pan y los ingredientes.
- ¿No quería comer nada?
- Se fue directamente, ni se acercó a la cocina ni nos dijo nada.
- Oh...
Niall terminó el sandwich. Se lo iba a llevar a la boca, pero justo antes de darle el primer bocado se me quedó mirando, lo volvió a dejar en la encimera y me habló.
- ¿Quieres la mitad?
- ¡Niall! - exclamó Dorothy, sorprendida.- ¿Desde cuando compartes tu comida con una chica? Ya me cuesta que la compartas con Harry.
- Es parte de la familia, mamá. No es tan raro...
- Yo también soy parte de la familia y nunca me ofreces la mitad de tu sandwich - le miró arqueando las cejas, sonriendo, antes de llevarse un vaso con agua a los labios.
- Pero es diferente. Tú eres mi madre.
- Oh... ya. Comprendo.
Dorothy salió, pasando por detrás de nosotros, y le revolvió el pelo a Niall antes de abandonar la cocina.
- Así que... Nunca compartes tu comida con nadie.
- Dorothy es una exagerada. No le hagas caso... Toma.
Me dio la mitad del sandwich, que casi era más alto que ancho, y lo comí con dificultad. Niall estuvo diciéndome que Ann le había caído muy bien, y que Louis le parecía un tipo bastante divertido. Ojalá ellos dos, Harry, Liam y Zayn llegaran a ser buenos amigos. Sabía que sería difícil, porque mientras Louis y Liam iban a la universidad, Harry, Niall y Zayn aún estaban en el instituto, pero me hacía ilusión pensar en esa idea. Hablando de Zayn, estaba deseando verlo al día siguiente. A él y a Brooklyn. Me declaraba fanática de esa pareja. Eran tan monos...
Cuando terminé subí para preparar una mochila para el día siguiente. Tenía ganas de empezar el instituto, en realidad. Era el último año y quería conocer a gente nueva antes de irme a la universidad. Aunque sabía que casi no me podría dedicar a hacer amigos, tendría que estar todo el día pegada a los libros. ¡Ahí va, los libros! No los había comprado. Menuda cabeza.
- ¡Niall, Harry! - los llamé mientras salía de mi habitación para ir a la suya.- ¿Tenéis fotocopiadora en casa?
- Tenemos dos, ¿por qué? - respondió Harry.
- Si es que no sé para qué pregunto... ¿Podéis fotocopiarme el primer tema de cada libro? Es para tener algo hasta que pueda ir a comprarlos.
- Claro - dijo Niall.- Ahora te fotocopio yo de los míos.
- Ay, muchas gracias. ¿Luego me los traes a la habitación?
- Sí, sí. Sin problema.
- Vale, gracias otra vez - sonreí y salí de su cuarto.
[Narra Niall.]
- Estás muy amable con Heather, ¿no? Cómo has cambiado desde ayer. Me ha contado mamá que hasta has compartido la comida con ella - sonrió Harry, con tono burlón.
- Joder, es mi hermana. ¿No puedo ser amable con mi hermana?
- ¡Oh, venga, Niall! A mí no me engañas. Yo también soy tu hermano y nunca has sido tan amable conmigo.
- ¿Me estás vacilando? - alcé ambas cejas y entrecerré los ojos, mirándole con cierto desprecio.
- Que dejes de escaquearte, Niall.
- ¿Pero qué quieres que te diga?
Se acercó a mí, intimidándome.
- Que te gusta.
- ¿Que qué?
¿Era posible? ¿Que me gustase mi propia hermana? Bueno, la había conocido hacía un día y me había parecido muy guapa, pero es que era la hija de mi padrastro. Quizás en mi subconsciente me sentía atraído por ella... Después de todo, le había contado aquella historia el primer día. Tenía algo especial, de eso no había duda.
- Ya me has oído, Niall. No me lo escondas.
- No me gusta Heather, Harry.
- Admítelo.
- No lo voy a admitir porque no es verdad.
- Pues vale. Ya me lo dirás cuando quieras. Pero yo sé que sí.
Rodé los ojos y fui a por los libros para fotocopiarlos. Mientras lo hacía, en mi mente se cruzaban un montón de pensamientos. ¿Y si Harry tenía razón? ¿Y si de verdad estaba empezando a gustarme Heather? Necesitaba dormir para aclarar las ideas.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Capítulo 4
[Narra Ann.]
En mi despertador sonó "Paradise" de Coldplay, haciendo que abriese lentamente los ojos. Hoy era el gran día, me iba a Nottingham, con mi mejor amiga. Y con Louis. Casi no había podido dormir pensando en ello de la emoción. Aún así, siendo las seis de la mañana y habiendo dormido a penas tres horas, tenía energía para volcar un camión. Sería de la alegría que tenía en el cuerpo.
Cogí unos vaqueros sencillos, una camiseta blanca a rayas azules y unas Vans negras para vestirme. Me peiné el pelo hasta que me quedó bien liso y salí de la habitación para ir a desayunar. Abajo ya estaban mis padres preparando café y unas tostadas con mermelada.
- Al fin despiertas, dormilona - dijo mi padre bromeando.
- Son las seis y cuarto de la mañana, no puede ser más pronto para mí.
- Si fuera para ver a Louis seguro que te levantarías más pronto.
- ¡Papá!
- Vale, vale, ya me callo.
Cogí una magdalena y exprimí una naranja. No me apetecía café.
- ¿Sólo vas a desayunar eso? - protestó mi madre.
- A estas horas no me cabe nada más.
Sentía que la cabeza me iba a explotar, pero se me pasaría pronto.
En cuanto terminé fui a lavarme los dientes y me lavé la cara. Fui a la habitación a por las maleta y bajé las escaleras con rapidez.
- ¡Vamos! - grité.
A los pocos segundos, aparecieron mis padres con dos maletas cada uno.
- Voy a echar de menos esta casa... - dijo mi madre.
- No te preocupes, Katheryn. No estará sola por mucho tiempo.
Los compradores llegarían esa misma tarde. Ya habían arreglado todo y mis padres ya habían cobrado el dinero.
- ¿Os vais a poner melancólicos ahora? ¡Venga!
Estaba totalmente impaciente por ver a Heather otra vez. Bueno, y para qué mentir, a Louis también. Además tenía curiosidad por conocer a Liam, su compañero de piso.
Metimos todas las maletas en el coche como buenamente pudimos y nos pusimos en marcha. Durante el camino, estuve hablando con Heather por WhatsApp, que para mi sorpresa esta despierta a esas horas. Me dijo que tenía muchas ganas de presentarme a sus hermanos, Niall y Harry. Es más, me confesó que ambos le parecían muy guapos. Estaba deseando verlos. Me vendría bien tener algunos amigos más a parte de Heather en el nuevo instituto. Ese era un tema preocupante. Nunca se me había dado demasiado bien hacer nuevos amigos, no era muy popular en el antiguo colegio, y aunque tenía mi pandilla reducida, me costaba acercarme al resto de la gente. Sería difícil volver a encajar en un sitio así. Pero tendría que acostumbrarme. Tenía que pensar que iba a tener a Heather, y que Louis estaría muy cerca; era lo único que me reconfortaba cuando por mi mente pasaba la gente nueva, el edificio desconocido, los profesores... Todo eso era algo que me producía escalofríos. A saber cómo darían las clases. Al menos los otros ya me los conocía y sabía hacia dónde tirar para contrarrestar.
[...]
Después de tres horas de viaje, llegamos a Nottingham. Tuvimos que recorrer las calles con el coche, hasta estuvimos a punto de perdernos antes de llegar a nuestra nueva casa. Era preciosa. Grande pero no demasiado, y con un pequeño y bonito jardín repleto de flores.
- Aquí estamos - dijo mi padre en voz baja.
Sacamos todas las maletas del coche y mi madre abrió la puerta. Era bastante espaciosa. Abajo estaba el salón, la cocina y un baño. Mi padre nos dijo que fuéramos subiendo mientras él comprobaba el buen estado de la antena de televisión. Arriba, abrí una de las puertas. Cama de matrimonio, colores serios. Estaba claro que esa no era la mía. Fui a otra, y me encontré una bañera reluciente, casi de lujo. Tampoco. Sólo quedaba una. Allí estaba mi habitación. Paredes azules con detalles amarillos en la parte de arriba, cerca del techo. Los muebles eran de caoba, la reconocía por el color y por el tacto.
- Cariño, cualquier cosa que necesites, estoy en la habitación de al lado. Dentro de un rato iremos papá y yo a comprar algo para comer.
- Vale, mamá.
Abrí las ventanas para dejar que corriese el aire mientras colocaba toda mi ropa en el armario vacío. Cuando terminé cambió totalmente de aspecto, no cabía una sola prenda más.
Cogí el teléfono y llamé a Heather.
- ¿Diga?
- ¡Ya estoy aquí!
- ¡Ann! ¿Qué tal el viaje?
- Bastante bien.
- ¿Ya estáis instalados?
- Más o menos. Ya he dejado el armario lleno de ropa, si te refieres a eso.
Oí una risa al otro lado del teléfono.
- Recuerdas nuestra tarde de compras, ¿verdad?
Pensé en Louis. Tenía muchas ganas de verlo, hacía por lo menos una semana que no lo abrazaba, que no lo tenía cerca. Simplemente oía su voz a través de un aparato. Pero también quería ver a Heather. Rápidamente, pensé en algo.
- ¿Te parece bien ir al centro comercial justo después de comer y que llame a Louis para verlo más tarde? - noté cómo el flujo de sangre circulaba por mis mejillas.
- Ohhh. Me parece perfecto. Cuando llames a Louis avisaré yo a Niall y Harry para que vengan, así se conocen.
- Genial. Bueno, nos vemos a la tarde.
- Avísame cuando estés lista y le pediré a Dorothy que nos acerque a las dos hasta el centro comercial.
- Vale. Hasta luego.
- Adiós, Ann.
[...]
Mi madre había traído espaguetis e hizo una salsa de tomate y atún deliciosa para echarles. Todo un manjar. Durante la comida les dije a mis padres que había quedado con Heather para ir al centro comercial. No mencioné nada de Louis para que mi padre no me echara la charla de siempre. "A ver qué haces", "cuidado con ese chico", "usa protección"... Eso último me hervía la sangre de tal manera que cuando me lo decía estaba horas sin dirigirle la palabra, ni para pedirle dinero.
En cuanto terminé de comer avisé a Heather por un mensaje, y en media hora ella y Dorothy llegaron a por mí. En cuanto vi a Heather corrí a abrazarla, y ella hizo lo mismo.
- Qué ganas tenía de verte - me dijo en mitad del abrazo.
- Y yo a ti.
Subimos al coche. Ambas teníamos pequeñas cosas que contarnos del largo verano que, por desgracia, acababa ese mismo día.
Una vez en el centro comercial, Dorothy se despidió de nosotras y se fue. Un amor de mujer.
- Bueno... - se frotó las manos - ¿por dónde empezamos?
- Diría que... por los gorros y las sudaderas.
- Cómo me conoces.
Recorrimos todas las tiendas buscando gorros de lana suaves, si era posible con pompones. Heather adoraba los pompones. Yo apostaba más por las orejeras. Además encontramos varias sudaderas perfectas para nosotras, y algún que otro pantalón de colores chillones. Teníamos un gusto bastante parecido para esas cosas. Cuando terminamos las compras, más o menos a las cinco y media de la tarde, paramos en un Starbucks del centro a tomar algo. Heather pidió un batido de vainilla y yo uno de chocolate, y para compartir, un muffin.
- Hazlo.
- ¿Qué?
- Estás deseando llamar a Louis, ¡vamos!
- Qué pesadita estás... Me da que tienes más ganas de verlo tú que yo.
- Ten en cuenta que es mi mejor amigo y no lo he visto en todo el verano. Tengo una excusa.
- Ah, claro. ¿Y yo no, que soy su novia?
- Mira cómo lo reclamas ahora...
- ¿Quieres callarte?
- ¿Quieres llamarlo ya?
- ¡Que ya voy, plasta! - dije dándole un pequeño empujón.
Cogí el móvil y lo busqué en la agenda.
- Hola, enana.
- Hola, Lou. ¿Cómo estás?
- Bueno...
- ¿Cómo que "bueno"?
- Estaría mejor que estuvieses conmigo.
- No seas empalagoso.
Heather ya se empezaba a reír.
- No soy empalagoso. Aún encima que te digo cosas bonitas...
- Idiota. Oye, que te llamaba para decirte que estoy con Heather en el centro comercial. ¿Puedes venir?
- Hm... Claro, supongo. ¿Te importa que le pregunte a Liam si quiere venir?
- Para nada.
- Espera un segundo. [...] Sí, se viene. Tienes ganas de conocerte.
- A saber qué le habrás contado de mí...
- Cosas buenas, tonta.
- Ya... claro. Como hiciste con el último amigo que me presentaste, ¿verdad?
- ¿Me lo vas a reprochar toda la vida?
- Sí.
- Estoy allí en veinte minutos.
- Vale. Hasta ahora.
- Te quiero.
- Yo no.
- Gracias. Hasta luego.
- No hay de qué, cariño. Ya nos vemos.
Colgué. En cuanto lo hice, Heather no pudo evitar soltar una carcajada de las suyas.
- ¿Qué pasa contigo? - pregunté algo molesta, sonriente.
- Sois una pareja graciosa, admítelo.
- Un poco...
[...]
Efectivamente, cuando estábamos terminando los batidos, vimos a Louis de lejos. Justo veinte minutos. Nos buscaba con la mirada junto a otro chico, más o menos de su misma altura, el pelo castaño claro, aunque muy cortito; parecía bastante fuerte, tenía los brazos anchos, pero no parecía de los típicos "machotes". Tenía cara de ser bastante dulce.
Saludé a Louis con la mano, no quería arriesgarme a mi grito inundara todo el edificio. Me vio y me hizo un gesto con la mano en seguida.
- ¡¡Louis!!
Heather rápidamente llamó la atención que yo no quise llamar. Corrió hacia él para darle un gran abrazo, mientras yo esperaba sentada. Entendía que tuviera ganas de verlo. Que tu mejor amiga también lo fuera de tu novio era una gran ventaja en todos los aspectos.
- ¡Heather! Qué ganas tenía de verte.
- Yo a ti también. Venid a sentaros.
Louis y Liam vinieron a nuestra mesa y se acomodaron.
- ¿Y a mí no me saludas, ni dices mi nombre, ni me abrazas? - le dije, haciéndome la indignada.
- No, nada de eso.
Se inclinó sobre mí y me besó. Echaba de menos esa sensación, incluso cuando había pasado una escasa semana.
- ¿Qué tal en la nueva casa? - me preguntó.
- Bien... Me costará adaptarme, pero no está mal.
- Recuerda que estoy aquí, ¿vale?
Asentí.
- Bueno, hago las presentaciones. Heather, Ann; este es Liam.
- Encantado - dijo él.
- Igualmente - respondimos Heather y yo a la vez.
- Entonces ya es definitivo - añadí.
- Me temo que sí - dijo Liam -, Louis tendrá que aguantarme durante mucho, mucho tiempo.
- Será soportable.
- ¡Oh! ¡Qué tonta! Tengo que llamar a Harry y Niall.
- Ay sí, llámalos, llámalos.
- ¿Quiénes son? - preguntó Louis.
- Los nuevos hermanos de Heather.
- Ah, los hijos de la novia de su padre, ¿cierto?
- Exacto.
Por lo que me había dicho Heather, estaba impaciente por verlos en persona. Seguro que acabaríamos siendo buenos amigos.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Capítulo 3.
Nos acercamos a ellos y el chico levantó la cabeza con una sonrisa.
- ¡Hey! ¿Qué pasa, chicos?
Se levantó para darle un amistoso abrazo a cada uno.
- Hola, Zayn - continuó Niall - ¿Hemos tardado mucho?
La chica se levantó de su asiento y respondió.
- Qué va, sólo hemos esperado veinte minutos...
- Tan chistosa como siempre, Brook - Harry fue a darle dos besos, igual que Niall - Bueno, haremos las presentaciones. Brooklyn, ella es Heather.
- Encantada - me dijo, dándome un beso en la mejilla.
- Igualmente - respondí con una sonrisa.
- Y este es Zayn.
- Y esta la famosa Heather - dijo él, lo que me hizo reír - Encantado.
- Lo mismo te digo.
Zayn parecía un chico agradable y divertido. Él y Brooklyn hacían una pareja preciosa.
Nos sentamos todos en la mesa en la que estaban Zayn y Brooklyn y no tardaron en atendernos. Yo pedí un chocolate caliente, cosa que les extrañó bastante, ya que era un día muy caluroso. Niall se me quedó mirando. En cuanto me di cuenta de ello, no pude evitar reírme. Era una chica de risa fácil.
- ¡Pero no me mires!
- ¿Acaso te intimido? - preguntó alzando una ceja.
- Pues un poco, sí.
- Lo siento - levantó ambas manos, excusándose.- Es que me ha llamado mucho la atención.
- Soy así de particular.
Tuvimos una entretenida charla con la pareja. Durante unos minutos, Brooklyn y yo tuvimos una conversación a parte de los chicos. Acabaríamos siendo buenas amigas.
Las horas pasaron como veloces flechas entre los chocolates y cafés y los paseos por las avenidas cercanas. Alrededor de las nueve de la noche decidimos que ya era hora de volver a casa.
- Ha sido un placer conoceros, chicos - dije dirigiéndome a Zayn y Brooklyn.
- Igualmente, Heather - me respondió ella.
- El lunes nos vemos, ¿no? - intervino Zayn.
- Por desgracia, sí.
- ¡Eh!
- No por vosotros, si me habéis caído muy bien, tonto. Las clases...
- Ah. Ya me habías asustado...
- Deja de hacer el imbécil - le dijo Brooklyn, dándole un pequeño golpe en la tripa.
- Jo, Brook, siempre igual.
Ella rió y se despidieron de nosotros con una sonrisa.
Comenzamos a andar camino a casa. Yo estaba pensando, inconscientemente, en Niall. Aunque no quisiera, su imagen se me aparecía una y otra vez.
- Bueno... - comenzó Harry, quitándome de mis pensamientos - ¿qué te han parecido?
- Oh. Majísimos. Me han caído muy bien.
- Hemos hecho bien en presentártelos, supongo - comentó Niall.
Le miré durante unos segundos, en los cuales me sumergí en sus ojos azules, tan profundos como un océano, tan hermosos como una mariposa en pleno vuelo. Sonreí.
- Supones bien.
Cuando llegamos a casa, nos encontramos un extraño panorama. Mi padre estaba apoyado contra la barandilla de las escaleras, observando cómo Dorothy y otro hombre, alto, con barba de unos tres días y el pelo corto, charlaban en el sofá.
Pero lo peor, llegó cuando Niall se adelantó y los miró confundido.
- ¡¿Qué hace él aquí?! ¿Qué quiere?
Estaba enfurecido. Las manos le comenzaron a temblar y las cerró en dos puños.
- Niall... - comenzó el hombre.
- ¡Lárgate!
- Solo quería verte...
- ¡Pues ya me has visto! ¡Fuera de aquí, déjame en paz!
Las mejillas se le enrojecieron, los ojos se le humedecieron y corrió escaleras arriba hasta su habitación.
- ¿Qué ocurre? - le susurré a Harry.
- Es su padre biológico.
No entendía por qué eso era un problema. Y lo más importante, ¿por qué vivía Niall con Dorothy si su padre biológico estaba vivo?
Dorothy intentó subir, pero mi padre la frenó.
- Aiden, tengo que hablar con él.
- No. Quédate aquí.
El padre de Niall se despidió de Dorothy y agachó la cabeza. Parecía triste, muy triste. Me dio pena.
Harry se apresuró a subir hasta el cuarto, por lo que yo hice lo mismo. Quería saber qué pasaba con aquel hombre.
Una vez arriba, Harry ya había cerrado la puerta, así que me apoyé contra la pared, tratando de escuchar.
- Niall, tranquilo...
- No puedo estar tranquilo sabiendo que ha venido a casa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? Después de lo que le hizo a mi madre y lo que me hizo a mí... - sollozó.
- Lo sé, pero relájate. Llorando no solucionas nada. A mí también me da rabia que haya venido, incluso cuando sólo lo conocía por fotos.
Eso era que realmente había pasado mucho tiempo desde que Niall lo vio por última vez. Él suspiró muy alto, un suspiro extremadamente sonoro. No podía escuchar eso sin enterarme del resto, así que llamé a la puerta.
- ¡No quiero hablar!
- Soy... Soy Heather.
Oí unos pasos hacia la puerta. Era Harry.
- Niall... - comencé.- Me gustaría conocer la historia. Aunque si no quieres...
- No, no. Siéntate - dijo señalándome una silla, tumbado, desde su cama.
Eso hice. Y esperé a que estuviera preparado.
- Bueno, os dejo para que habléis. Yo voy a comer algo.
Harry salió de la habitación y cerró la puerta con un estruendo.
- Es una historia larga.
- Estoy aquí, ¿no? Te escucho. Tengo tiempo - le sonreí, con el propósito de darle confianza.
Él hizo lo mismo. Cerró los ojos, suspiró, y una vez relajado, comenzó.
- Yo nací en Mullingar, en Irlanda. Mis padres y yo éramos una familia realmente feliz. Llegó mi cumpleaños. Cumplía cinco. Mi madre encendió las velas y yo las soplé como todos los años. Aún recuerdo que ese día tuve la sonrisa puesta todo el día... hasta que ocurrió. Mi padre no llegaría hasta las siete de la tarde, y se suponía que me traería un regalo especial, porque había estado trabajando en Dublín toda esa semana. Estábamos en el jardín, mi madre y yo. El resto ya se habían ido. Cuando mi madre creyó oír el coche, salió de casa y yo me quedé esperando en frente del último trozo de tarta que quedaba. De repente, oí algo. Un golpe de puerta contra el coche, unos gritos enfadados de mi padre y chillos de pánico de mi madre. Salí para ver qué ocurría. Mi padre iba borracho, drogado, y de todo. A saber lo que se había metido en el cuerpo. Lo que vi me horrorizó. Mi madre estaba en el suelo, un charco de sangre rodeaba su cabeza. Mi padre la había empujado contra el muro. Lo supe porque éste también estaba manchado de sangre. "¡Mamá!" grité. Pero no obtuve respuesta. Mi padre me ordenó callar y entró en casa, como si nada hubiese pasado. Yo me quedé junto a mi madre. Aunque sólo tuviera cinco años, era bastante listo. Cogí el teléfono de mi madre y pulsé el botón de "llamada de emergencia". Me contestó una voz amable, cálida. Confiaba más en esa voz que en mi propio padre. Le expliqué a esa mujer lo que había pasado, y me preguntó cuántos años tenía. En cuanto se lo dije, se escandalizó, y me dijo que me quedase donde estaba y que hiciera el menor ruido posible. Le dije mi dirección y en unos quince minutos llegó un coche de policía y una ambulancia. Los guardias entraron por la fuerza en casa y se llevaron a mi padre. Los médicos se llevaron a mi madre, y a mí me condujeron hasta un centro de acogida de menores. Es el último recuerdo que tengo de mi madre, y el último de mi padre. Cinco años después, Dorothy vino al centro y me eligió a mí después de haber oído mi historia.
Llevaba llorando desde la mitad del relato, aunque en silencio. No me podía creer que un chico como él hubiese pasado por semejante atrocidad. La pena que sentía por aquel hombre se esfumó por completo y se transformó en rabia, ira, odio, y esa pequeña parte de mí que se había empezado a enamorar de ese pequeño rubio, creció y creció hasta ocupar todo mi corazón. Me levanté de la silla y fui a abrazarle hasta su cama. Acaricié su cabello, y él el mío.
- Heather, no llores - me apartó y secó mis lágrimas.
- Qué irónico... Debería de estar secándote yo las lágrimas a ti... - esbocé una muy leve sonrisa, que me correspondió.
- Yo ya lo he superado. Aunque he de reconocer que verlo hoy me ha devuelto esos malos recuerdos como si hubieran ocurrido ayer. Pero bueno...
- Después de todo eso no sé qué ha venido a hacer aquí.
- Yo tampoco... Y no entiendo cómo Dorothy se ha parado a hablar con él y le ha dejado entrar en casa. Sé que ha estado en rehabilitación porque ella se había enterado, pero aún así... No sé.
Miré al suelo y me quedé pensativa. Algo se había encendido dentro de mí. Sentía la necesidad de protegerle, de tenerle cerca siempre, en todo momento.
- ¿Quieres bajar a comer algo?
¿Era lo mejor que se te ocurría, Heather? ¡Imbécil!
- Claro. Vamos. Y no llores, tonta.
Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Fue una sensación mágica. ¡No podía enamorarme de mi hermano! Pero me parecía tan frágil, y era tan precioso...
Bajamos y nos encontramos a todos cenando. Nos servimos cada uno un plato de aquella deliciosa sopa con pollo y nos sentamos a comer. Niall casi no le dirigió la mirada a Dorothy, y no le hablaba. Simplemente respondía con un tono seco cuando ella le preguntaba algo. No podía evitar repetir la escena que él me había descrito en mi mente, era realmente escalofriante.
Cuando terminamos la cena, lavamos todos los platos y Harry, Niall y yo subimos a nuestras habitaciones.
- Buenas noches, chicos.
- Buenas noches - respondieron ellos a la vez.
Pero no serían buenas. Dudaba que pudiese dormir después de todo aquello. Y si lo hacía, una terrible pesadilla se adueñaría de mi plácido sueño.
- ¡Pero no me mires!
- ¿Acaso te intimido? - preguntó alzando una ceja.
- Pues un poco, sí.
- Lo siento - levantó ambas manos, excusándose.- Es que me ha llamado mucho la atención.
- Soy así de particular.
Tuvimos una entretenida charla con la pareja. Durante unos minutos, Brooklyn y yo tuvimos una conversación a parte de los chicos. Acabaríamos siendo buenas amigas.
Las horas pasaron como veloces flechas entre los chocolates y cafés y los paseos por las avenidas cercanas. Alrededor de las nueve de la noche decidimos que ya era hora de volver a casa.
- Ha sido un placer conoceros, chicos - dije dirigiéndome a Zayn y Brooklyn.
- Igualmente, Heather - me respondió ella.
- El lunes nos vemos, ¿no? - intervino Zayn.
- Por desgracia, sí.
- ¡Eh!
- No por vosotros, si me habéis caído muy bien, tonto. Las clases...
- Ah. Ya me habías asustado...
- Deja de hacer el imbécil - le dijo Brooklyn, dándole un pequeño golpe en la tripa.
- Jo, Brook, siempre igual.
Ella rió y se despidieron de nosotros con una sonrisa.
Comenzamos a andar camino a casa. Yo estaba pensando, inconscientemente, en Niall. Aunque no quisiera, su imagen se me aparecía una y otra vez.
- Bueno... - comenzó Harry, quitándome de mis pensamientos - ¿qué te han parecido?
- Oh. Majísimos. Me han caído muy bien.
- Hemos hecho bien en presentártelos, supongo - comentó Niall.
Le miré durante unos segundos, en los cuales me sumergí en sus ojos azules, tan profundos como un océano, tan hermosos como una mariposa en pleno vuelo. Sonreí.
- Supones bien.
Cuando llegamos a casa, nos encontramos un extraño panorama. Mi padre estaba apoyado contra la barandilla de las escaleras, observando cómo Dorothy y otro hombre, alto, con barba de unos tres días y el pelo corto, charlaban en el sofá.
Pero lo peor, llegó cuando Niall se adelantó y los miró confundido.
- ¡¿Qué hace él aquí?! ¿Qué quiere?
Estaba enfurecido. Las manos le comenzaron a temblar y las cerró en dos puños.
- Niall... - comenzó el hombre.
- ¡Lárgate!
- Solo quería verte...
- ¡Pues ya me has visto! ¡Fuera de aquí, déjame en paz!
Las mejillas se le enrojecieron, los ojos se le humedecieron y corrió escaleras arriba hasta su habitación.
- ¿Qué ocurre? - le susurré a Harry.
- Es su padre biológico.
No entendía por qué eso era un problema. Y lo más importante, ¿por qué vivía Niall con Dorothy si su padre biológico estaba vivo?
Dorothy intentó subir, pero mi padre la frenó.
- Aiden, tengo que hablar con él.
- No. Quédate aquí.
El padre de Niall se despidió de Dorothy y agachó la cabeza. Parecía triste, muy triste. Me dio pena.
Harry se apresuró a subir hasta el cuarto, por lo que yo hice lo mismo. Quería saber qué pasaba con aquel hombre.
Una vez arriba, Harry ya había cerrado la puerta, así que me apoyé contra la pared, tratando de escuchar.
- Niall, tranquilo...
- No puedo estar tranquilo sabiendo que ha venido a casa. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? Después de lo que le hizo a mi madre y lo que me hizo a mí... - sollozó.
- Lo sé, pero relájate. Llorando no solucionas nada. A mí también me da rabia que haya venido, incluso cuando sólo lo conocía por fotos.
Eso era que realmente había pasado mucho tiempo desde que Niall lo vio por última vez. Él suspiró muy alto, un suspiro extremadamente sonoro. No podía escuchar eso sin enterarme del resto, así que llamé a la puerta.
- ¡No quiero hablar!
- Soy... Soy Heather.
Oí unos pasos hacia la puerta. Era Harry.
- Niall... - comencé.- Me gustaría conocer la historia. Aunque si no quieres...
- No, no. Siéntate - dijo señalándome una silla, tumbado, desde su cama.
Eso hice. Y esperé a que estuviera preparado.
- Bueno, os dejo para que habléis. Yo voy a comer algo.
Harry salió de la habitación y cerró la puerta con un estruendo.
- Es una historia larga.
- Estoy aquí, ¿no? Te escucho. Tengo tiempo - le sonreí, con el propósito de darle confianza.
Él hizo lo mismo. Cerró los ojos, suspiró, y una vez relajado, comenzó.
- Yo nací en Mullingar, en Irlanda. Mis padres y yo éramos una familia realmente feliz. Llegó mi cumpleaños. Cumplía cinco. Mi madre encendió las velas y yo las soplé como todos los años. Aún recuerdo que ese día tuve la sonrisa puesta todo el día... hasta que ocurrió. Mi padre no llegaría hasta las siete de la tarde, y se suponía que me traería un regalo especial, porque había estado trabajando en Dublín toda esa semana. Estábamos en el jardín, mi madre y yo. El resto ya se habían ido. Cuando mi madre creyó oír el coche, salió de casa y yo me quedé esperando en frente del último trozo de tarta que quedaba. De repente, oí algo. Un golpe de puerta contra el coche, unos gritos enfadados de mi padre y chillos de pánico de mi madre. Salí para ver qué ocurría. Mi padre iba borracho, drogado, y de todo. A saber lo que se había metido en el cuerpo. Lo que vi me horrorizó. Mi madre estaba en el suelo, un charco de sangre rodeaba su cabeza. Mi padre la había empujado contra el muro. Lo supe porque éste también estaba manchado de sangre. "¡Mamá!" grité. Pero no obtuve respuesta. Mi padre me ordenó callar y entró en casa, como si nada hubiese pasado. Yo me quedé junto a mi madre. Aunque sólo tuviera cinco años, era bastante listo. Cogí el teléfono de mi madre y pulsé el botón de "llamada de emergencia". Me contestó una voz amable, cálida. Confiaba más en esa voz que en mi propio padre. Le expliqué a esa mujer lo que había pasado, y me preguntó cuántos años tenía. En cuanto se lo dije, se escandalizó, y me dijo que me quedase donde estaba y que hiciera el menor ruido posible. Le dije mi dirección y en unos quince minutos llegó un coche de policía y una ambulancia. Los guardias entraron por la fuerza en casa y se llevaron a mi padre. Los médicos se llevaron a mi madre, y a mí me condujeron hasta un centro de acogida de menores. Es el último recuerdo que tengo de mi madre, y el último de mi padre. Cinco años después, Dorothy vino al centro y me eligió a mí después de haber oído mi historia.
Llevaba llorando desde la mitad del relato, aunque en silencio. No me podía creer que un chico como él hubiese pasado por semejante atrocidad. La pena que sentía por aquel hombre se esfumó por completo y se transformó en rabia, ira, odio, y esa pequeña parte de mí que se había empezado a enamorar de ese pequeño rubio, creció y creció hasta ocupar todo mi corazón. Me levanté de la silla y fui a abrazarle hasta su cama. Acaricié su cabello, y él el mío.
- Heather, no llores - me apartó y secó mis lágrimas.
- Qué irónico... Debería de estar secándote yo las lágrimas a ti... - esbocé una muy leve sonrisa, que me correspondió.
- Yo ya lo he superado. Aunque he de reconocer que verlo hoy me ha devuelto esos malos recuerdos como si hubieran ocurrido ayer. Pero bueno...
- Después de todo eso no sé qué ha venido a hacer aquí.
- Yo tampoco... Y no entiendo cómo Dorothy se ha parado a hablar con él y le ha dejado entrar en casa. Sé que ha estado en rehabilitación porque ella se había enterado, pero aún así... No sé.
Miré al suelo y me quedé pensativa. Algo se había encendido dentro de mí. Sentía la necesidad de protegerle, de tenerle cerca siempre, en todo momento.
- ¿Quieres bajar a comer algo?
¿Era lo mejor que se te ocurría, Heather? ¡Imbécil!
- Claro. Vamos. Y no llores, tonta.
Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Fue una sensación mágica. ¡No podía enamorarme de mi hermano! Pero me parecía tan frágil, y era tan precioso...
Bajamos y nos encontramos a todos cenando. Nos servimos cada uno un plato de aquella deliciosa sopa con pollo y nos sentamos a comer. Niall casi no le dirigió la mirada a Dorothy, y no le hablaba. Simplemente respondía con un tono seco cuando ella le preguntaba algo. No podía evitar repetir la escena que él me había descrito en mi mente, era realmente escalofriante.
Cuando terminamos la cena, lavamos todos los platos y Harry, Niall y yo subimos a nuestras habitaciones.
- Buenas noches, chicos.
- Buenas noches - respondieron ellos a la vez.
Pero no serían buenas. Dudaba que pudiese dormir después de todo aquello. Y si lo hacía, una terrible pesadilla se adueñaría de mi plácido sueño.
sábado, 20 de octubre de 2012
Capítulo 2.
Una vez abajo, nos sentamos a la mesa junto con mi padre y Dorothy.
- Menudo banquete – dije mientras me acomodaba en la silla.
- Pues aquí es así todos los días – me respondió Niall.
- Menuda suerte.
- Y tanto.
- Ya tuvo que saltar en glotón – dijo Harry.
- Soy feliz así. ¿Qué pasa?
Su pequeña discusión de mentirijilla hizo más amena la comida. Aunque Niall comió a la velocidad de la luz y volvió a su cuarto cuando los demás aún no habíamos comido ni la mitad de nuestra ración.
- Qué pesado está... - bufó Harry.
- Cariño, sabes que le hace mucha ilusión – respondió Dorothy.
- Sí, lo sé. Y lo entiendo. Es como yo con el canto. Pero aún así, debería pasar al menos un día con su nueva hermana, ¿no?
Parecía molestarle que Niall no me prestase la suficiente atención. Pero... ¿por qué? Quizás sólo intentaba ser cortés y el hecho de que su hermano no hiciese lo mismo le resultaba irritante.
Cuando terminamos de comer, Harry me llevó arriba, a su habitación, donde Niall seguía tocando.
- ¿Qué pasa ahora? - refunfuñó.
- Oye, a mí me da igual lo que me digas, pero respeta un poco a Heather. Digo yo.
- Eh, Harry, que no pasa nada. Es normal, sólo quiere ensayar tranquilo... Mejor me voy a mi habitación para acomodar toda mi ropa y mis otras cosas.
- ¿Seguro?
- Sí, sí. Tranquilo.
Les dediqué una sonrisa a ambos y salí del cuarto. Entré al mío, justo al lado, y comencé a sacar mis cosas de la maleta. Era una maleta enorme, aunque sólo traía las prendas a las que más cariño les tenía. Al día siguiente, aprovechando que era el último día antes de empezar las clases, iría de compras.
Saqué mis pantalones, faldas, leggins, camisetas, chaquetas, sudaderas, jerseys y zapatos. Una colección bastante grande. Mi camiseta favorita, por desgracia, era la que me había regalado mi ex-novio. Era preciosa, aunque me traía malos recuerdos. Mejor no pensar en ello.
De repente, me acordé de algo que había dicho Harry: “Es como yo con el canto”. Así que el ricitos cantaba... Tendría que obligarle a que me mostrase sus dotes. Pero después de ponerlo todo en su sitio.
Cuando terminé de colocar la ropa, empecé a sacar el resto de las cosas. Mis discos, libros, películas y fotografías. Las que tenía con Ann y Louis eran a las que más cariño les tenía. Mientras las estaba mirando y sonriendo como una completa estúpida, sonó mi teléfono en mi bolsillo. Adivina, adivinanza.
- ¡Ann!
- ¡Hola, Heather! ¿Qué tal en Nottingham?
- Pues de momento genial. ¿Y tú con Louis, qué tal, eh?
Oí una pequeña risa al otro lado.
- Como siempre.
- ¿Como siempre?
- Sí.
- ¿Y cómo es como siempre?
- No seas tonta, lo sabes de sobra.
- Es verdad...
- Bueno, que nos desviamos del tema. Tengo una sorpresa.
- ¿En serio? ¿Qué es?
- ¿Preparada?
- ¡Sí! ¡Venga, suéltalo!
- ¡He convencido a mis padres para mudarnos a Nottingham!
- ¡Ahhh! ¿Qué dices? ¿Va en serio?
- Totalmente. Saben que somos como hermanas. Además, tenemos familiares allí, y ellos ya habían estado pensando en cambiar de casa desde hace mucho tiempo.
- ¡No me lo puedo creer! Pero eh, ¿y Louis?
- ¿Te acuerdas que estaba buscando casa cerca de alguna universidad?
- Sí.
- Pues va a ir a la universidad de Nottingham, porque ha encontrado allí un piso que está bastante bien, y lo va a compartir con un tal Liam. Me dijo que parecía un chico bastante formal cuando habló con él por teléfono. De todas formas, hoy se van a conocer. Quedaron en una cafetería de las afueras de la ciudad.
- Ay, aún no me entra en la cabeza que vayas a vivir aquí. ¿Irás a mi mismo instituto?
- ¡Claro!
- Joder. Esto es demasiada información en un mismo día. Mis mejores amigos vienen a mi nueva ciudad, tú vas a mi mismo insituto, mis hermanos estás para comérselos...
- ¿Perdona? No me habías hablado de eso.
- Primero, ¿cuándo te mudas?
- Mañana. Tenemos una casa con los muebles incluídos y todo.
- Qué suerte.
- Sí, bueno aunque nos ha costado un ojo de la cara.
- Entonces mañana nos vemos. ¿Cual es tu nueva dirección? - cogí un bolígrafo y un papel que encontré esparcidos por la mesa de estudio.
- Calle Huntingdon número 3.
- Perfecto. Mañana le diré a la novia de mi padre que me lleve y te hago una visita.
- Pero aún no me has dicho nada de esos hermanos que están para comérselos, Heather.
- Querida Ann, ten paciencia. Mañana te los presento.
- Vale, vale. Yo juzgaré si alguno es bueno para ti.
No pude evitar soltar una carcajada.
- Qué bien me cuidas.
- No lo dudes.
- Mañana nos vemos.
- Te quiero.
- Y yo.
Colgué y dejé el móvil encima de la mesa. ¿En serio mis dos mejores amigos iban a venir a vivir a mi ciudad? Increíble.
Terminé de ordenarlo todo,
incluído mi portátil, que dejé en la mesa de
trabajo para cuando lo pudiese necesitar. Entonces, toqué en
la puerta del cuarto de los chicos. Temía que Niall se
enfadase conmigo, pero era un riesgo que debía correr si
quería que Harry me enseñase un poco el barrio. Fue
éste el que abrió la puerta con gesto cansado.
- ¿Ya has ordenado todo?
- Sí. Y me preguntaba si podrías enseñarme la calle. Para sentirme más cómoda y esas
cosas. Aunque más bien me sentiré pobre, porque todas
las casas aquí son inmensas y todos parecen asquerosamente
ricos.
Él rió mientras yo caminaba hacia su cama para
sentarme.- No te preocupes, ahora tú también eres asquerosamente rica.
- Asquerosa no – repliqué con humor.
Niall había dejado de tocar y nos escuchaba con semblante serio. Seguramente le estaría molestando. Me sentía estúpida.
- Niall, ¿quieres venir? Así te despejas un poco – le preguntó Harry.
Él se lo tuvo que pensar durante unos largos segundos, pero al final acabó cediendo.
- ¡Al fin! Venga, vamos.
- Pero espera que me arreglo un poco.
- No tienes que arreglarte, Niall, así vas perfecto – le dije para tranquilizarle. - Simplemente cálzate y ya está.
- Pero...
- Nada de peros. Venga.
Resopló y se puso unas supras blancas a juego con el resto de su ropa. Yo fui a coger una chaqueta vaquera por si refrescaba.
Bajamos las escaleras y Harry se encargó de ir a avisar a Dorothy y a mi padre de que nos íbamos a dar una vuelta.
- ¡Pasadlo bien, chicos! - dijo mi padre.
- Gracias, Aiden – respondió Niall.
- Y cuidad de Heather.
- ¡Papá!
- Descuida – dijo Harry con una sonrisa.
Se puso sus Rayban y abrió la puerta para dejarnos salir a Niall y a mí. Paseamos a lo largo de toda la calle.
- Dios mío - dije - estas casas son espléndidas.
- Tampoco es para tanto – dijo Niall con cara de indiferencia.
- ¿Que no es para tanto?
- La nuestra es mejor – respondió con aire de superioridad.
- Bah, sí, eso es cierto – dije yo, siguiéndole.
Al final todos reímos.
Había que reconocer que mis hermanos me parecían bastante pijos, pero eran muy amables y divertidos. Además de guapísimos. Tendría que darles una oportunidad.
- Eh, Niall, ¿te parece que llame a Zayn y Brooklyn?
- Por mí genial.
- ¿Quiénes son?
- Nuestro mejor amigo y su novia. Bueno, en realidad ella ahora es como nuestra mejor amiga, o parte de la familia. Te caerán bien.
Harry cogió su iPhone, de nuevo pretendía darme envidia, toqueteó la pantalla unas cuantas veces y puso el móvil en su oreja.
- Hola, Zayn... Pues muy bien... Sí sí, ya ha llegado. Precisamente te llamaba porque estamos Niall y yo con ella en la calle. ¿Estás con Brooklyn?... Perfecto. Pues, ¿queréis venir?... Podemos quedar en el Starbucks de siempre... Vale. Hasta ahora.
- ¿Aquí tenéis Starbucks?
- Claro – dijo Niall.
- Pues en Bristol no había ni uno...
- Es que Nottingham es mucho mejor.
- No, si eso no te lo niego, rubio.
¡Uy! Le había llamado rubio. ¿Le habría molestado? La verdad es que lo había hecho sin pensar. Cuando estaba en Bristol, hacía unos tres años, mi mejor amigo también era rubio y le llamaba así.
- ¿Me has llamado rubio? - preguntó, alzando una ceja.
- Sí...
- Me gusta.
Me sonrió, le sonreí. Bonita sonrisa. Bonitos ojos. Bonito pelo. “¡Heather!” Tenía que dejar de fijarme en Niall y Harry. No iban a traerme nada bueno.
- Permitidme que os recuerde que sois hermanos.
- ¿Estás celoso? - dijo Niall, sonriente.
- Pfff, sí, claro. Sigue soñando, princesita rubia.
- Pero si yo te quiero mucho, Harold.
Niall fue a abrazar a Harry mientras avanzábamos por la acera, supuestamente hacia ese famoso Starbucks. Yo no pude evitar reír, y bastante escandalosamente, por cierto, ante las carantoñas que Niall pretendía hacerle a Harry, pero las cuales éste evitaba.
Después de unos minutos, llegamos a un Starbucks.
- ¿Es este? - pregunté.
- Sí – respondió Harry, mientras se quitaba de encima a Niall – el siguiente más cercano está a tres kilómetros, así que...
- Sí, mejor quedarnos aquí – dije antes de que pudiese continuar.
Nada más entrar, pude ver a una pareja sentada en una mesa lo suficientemente grande para seis personas. Un chico moreno de piel, pelo oscuro, un poquitín de barba, atractivo. En frente, una chica también bastante morena, pelo negro y largo; muy guapa. Sólo había otros tres chicos, sentados más alejados, así que supuse que serían ellos dos. Y supuse bien.
jueves, 11 de octubre de 2012
Capítulo 1.
Allí
estaba. Mi nuevo hogar, la nueva ciudad. Gente desconocida... y mi
padre.
Hacía unos seis meses que mis
padres se habían separado, que ya habían terminado con
todo el papeleo. Se separaron porque mi padre quería empezar
una nueva vida. Fue una separación pacífica, de mutuo
acuerdo. Decidimos que mi hermano pequeño, Matthew, se quedase
con mi madre en Bristol; allí tenía todos sus recuerdos
y sus amistades. En cambio, mis padres creyeron que yo me adaptaría
bien a vivir en Nottingham, donde mi padre tenía un nuevo
trabajo muy bien remunerado.
Y ahí estaba yo. A punto de
conocer a la pareja de mi padre y su hijo, ya que según tenía
entendido ella también se había separado, aunque con
más dificultades; y en el juicio, se había quedado ella
con la custodia del chico en cuestión.
Estábamos en el aeropuerto, yo
sentada en mi maleta y mi padre mirando a todas partes cargando con
su equipaje de mano. Buscándola.
De pronto, vi que una mujer se dirigía
de forma efusiva hacia nosotros y a mi padre se le dibujaba una
sonrisa en la cara. Algo más atrás, venía un
muchacho de cabello castaño, rizado. Parecía alto. Con
una camiseta blanca, unos pantalones azules marinos y unas converse
también blancas, ya algo gastadas; además, tenía
puestas unas gafas Rayban. Me levanté de la maleta y la
arrastré hasta donde mi padre y aquella mujer se fundían
en un precioso abrazo. Había amor, de eso no tenía
duda. Cuando se separaron, mi padre me rodeó por los hombros.
- Heather,
esta es Dorothy. Dorothy, mi hija.
- Hola,
pequeña. Tu padre me ha hablado mucho de ti – me dio un
cálido abrazo y un beso en cada mejilla.
- Encantada,
Dorothy – le dediqué una amplia sonrisa.
-Y
este hombretón de aquí es Harry, su hijo – continuó
mi padre.
- Encantado,
Heather – se acercó y me dio dos besos, igual que su madre.
- Igualmente,
Harry.
Parecía una chico educado.
Habría que esperar a estar a solas, porque delante de un padre
o una madre uno siempre intenta ser la mejor persona sobre la faz de
la Tierra, pero por detrás las cosas cambian. Nunca nada es lo
que parece ser.
Dorothy nos guió hasta fuera, a
su resplandeciente Volvo negro, brillante como los chorros del oro.
No pude evitar exclamar un “wow” de admiración hacia ese
fantástico coche.
- Te
gusta, ¿eh? - me susurró Harry.
Yo simplemente sonreí y le miré
a los ojos. Bueno a las gafas, que se quitó en un acto reflejo
y las dejó colgando del cuello de su camiseta. Verdes
aceituna, preciosos. “Heather, es tu hermanastro”. Esa frase se
repetía en mi cabeza cada dos segundos desde el mismo momento
en que lo vi de cerca. Él abrió una de las puertas
traseras y yo entré con sumo cuidado mientras él metía
mi equipaje y el de mi padre en el amplio maletero del coche. Dorothy
ocupó el asiento del conductor; mi padre (que se llamaba
Aiden, por cierto, debido a su ascendencia irlandesa) el del
copiloto, y Harry se sentó en el otro extremo de la parte
trasera del espléndido vehículo.
Acaricié el suave cuero beige
con la palma de mi mano. Era un coche de ensueño. Debían
de ser adinerados.
Dorothy comenzó a hablar.
- Bueno,
Heather, debes saber que tienes otro hermanastro.
Oh, eso era nuevo.
- Pero
es mi hijo adoptado. Adoptado como soltera. Así que no tiene
el mismo apellido que Harry.
- ¿Y
cómo se llama? - tenía bastante curiosidad.
- Nialler.
Pero bueno, todos lo llaman Niall para acortar. En fin, ya haremos
las presentaciones en casa.
No sabía por qué mi padre
no me había hablado de eso. Pero bueno, un hermano más...
suponía que no pasaría nada. Además, si era tan
guapo como Harry casi era una ventaja. “¡Heather! ¡Para
ya!”, ya volvía la vocecilla de mi cabeza.
Después de media hora
aproximadamente, llegamos a una casa enorme. Casi podía decir
que era una mansión. Era espectacular. Eché mi
flequillo hacia el lado contrario al que estaba y la observécon
detenimiento. Blanca, ventanales amplios con las compuertas azul
oscuro, una pequeña terraza en la parte frontal con una que
otra mecedora, un jardín impresionante, con flores de todos
los colores y una fuente en el centro que debías rodear con el
coche para poder llegar hasta la entrada de la casa.
- Podría
acostumbrarme a esto.
- Es
lo que vas a tener que hacer, preciosa – respondió mi
padre.
Sonreí.
Bajamos del coche y me dispuse a coger
mi maleta, pero Harry ya se había adelantado.
- Vaya,
gracias. Muy amable.
- No
te acostumbres, hermanita.
- Descuida.
Harry también cogió el
equipaje de mi padre y se lo entregó, a lo que él
respondió con una sonrisa. Se acercó a mí
mientras yo arrastraba la maleta por el camino de piedras hasta los
tres escalones que ayudaban a subir a la terraza de la entrada
principal.
- Te
has ganado un buen hermanastro, Heather.
- Ya
lo creo – agaché la cabeza, sonriente.
La verdad, me gustaba bastante ese
chico. Aún así, tendría toda la tarde para
conocerle a él y a mi otro nuevo hermano, Niall.
Dorothy abrió la puerta y nos
dejó pasar a mi padre y a mí primero.
- Wow
– exclamó mi padre, lo mismo que yo con el coche.
- ¿Te
gusta, Aiden? - preguntó Dorothy, entusiasmada.
- Casi
tan preciosa como tú.
- Cállate,
pareces un adolescente.
Por algún extraño motivo,
después de esa frase, Harry y yo nos miramos y no pudimos
evitar reír.
Dorothy se acercó a las
escaleras que daban al piso de arriba y las subió hasta el
primer “descanso”.
- ¡Niall,
ya están aquí!
- ¡Ya
voy! - se oyó de lejos.
Bonita voz.
Lo vi bajar a toda prisa, con una
guitarra en la mano agarrada por el mástil como buenamente
podía.
- ¿No
dejas la guitarra ni para saludar a la gente, o qué? - bromeó
Harry.
- Cállate
– dijo él con una sonrisa.
- Niall,
este es Aiden – comenzó Dorothy.
- Encantado
– Niall le dio un abrazo a mi padre con el brazo que le quedaba
libre, y éste le dio dos golpecitos en la espalda.
- Y
esta Heather, vuestra nueva hermana.
Me quedé mirándolo unos
segundos. Pelo rubio, probablemente teñido, ya que sus raíces
eran bastante más oscuras que el resto del pelo, una sonrisa
despampanante y unos ojos azules hipnotizadores.
- Encantado,
Heather.
- Igualmente,
Niall – le di un beso en cada mejilla y le dediqué una
pequeña sonrisa, no muy segura de mí misma.
Demasiadas emociones en un solo día.
Claro, lo lógico: mis dos nuevos hermanastros tenían
que parecerme guapísimos, adorables y perfectos. ¡Genial,
Heather, empezabas con buen pie! Además, el hecho de que en
dos días empezasen las clases en el nuevo instituto no me
reconfortaba.
- Vuelvo arriba a ensayar – dijo
Niall con prisa.
Se dirigió a las escaleras y las
subió corriendo velozmente.
- ¿A dónde va? - le
pregunté a Harry.
- Es que está ensayando para
una audición del instituto.
- Oh. Nos ha salido músico.
- Más o menos. Se podría
decir.
Harry rió levemente. Empezó
a sonar algo, era un móvil. El suyo, en concreto. Lo sacó
del bolsillo, un iPhone reluciente y blanco, y cuando miró la
pantalla una sonrisa se dibujó en su cara.
- Perdona un segundo.
Se alejó hacia lo que debía
ser una biblioteca o algo por el estilo, ya que la cocina estaba
ocupada por mi padre y Dorothy.
Me quedé allí de pie como
una imbécil, esperando a que volviese Harry y me enseñase
un poco la tremenda mansión. Mientras, me pareció
escuchar una suave melodía proveniente del piso de arriba. Era
Niall con la guitarra, eso seguro. Me acerqué al pasamanos de
las escaleras y me apoyé allí para escuchar mejor.
Parecía estar tocando “I'm Yours” de Jason Mraz. Adoraba
esa canción. Comencé a cantarla en voz baja, y de
repente, apareció Harry por detrás de mí.
- Qué bien suena – me dijo al oído.
Me sobresalté y una pequeña
carcajada salió de mi garganta.
- Me has asustado.
- Perdona.
- ¿Era tu novia?
- ¿Eh?
- La llamada, Harry.
- ¡Ah! Eh... no. No, no era mi
novia. Por desgracia.
- La chica que te gusta.
- ¡Bingo! Qué bien se
te da esto.
- Lo llevo en la sangre. Mi madre es
igual. ¿Puedo saber su nombre?
- Emma. La conozco desde hace poco
más de un año, somos muy amigos, pero ella no tiene ni
idea de que me gusta.
- ¿No crees que estaría
bien arriesgarse?
Él abrió mucho los ojos y
rió de forma irónica.
- Debes estar de broma.
- No lo estoy.
- No puedo hacer eso, Heather. No me
sale.
- ¿Que no te sale? Pero si no
es tan difícil.
- Claro, eso es porque no estás
en mi situación.
- Sois los chicos los que tenéis
que tomar la iniciativa.
- ¿Y si me rechaza?
- No pierdes nada. Si de verdad es
tu amiga, aunque le digas que te gusta, seguirá siéndolo.
- ¿Tú crees?
Asentí con tranquilidad. ¿De
verdad estaba animando a mi hermano, el cual me parecía un trozo de pan y asombrosamente guapo, a declararse a la chica que le
gustaba? ¿De verdad estaba desperdiciando una oportunidad nada
más llegar? “¡Como no espabiles te quedas sola!”.
- ¡Cállate!
- ¿Qué?
- Oh, perdona – le puse una mano
en el hombro y no pude evitar reírme – no era por ti.
- ¿Hablabas sola?
- Con mi conciencia. Me está
torturando sin piedad hoy.
- Date un respiro, anda. ¿Quieres
que te enseñe el piso de arriba?
- Claro.
Comencé a subir las escaleras, y
Harry detrás de mí.
Así que Emma... Hm. Tendría
que darle el visto bueno.
Una vez arriba, pasamos por delante de
la habitación de los chicos, donde Niall estaba tocando. Pero
paró cuando nos vio entrar.
- Perdona si te molestamos...
- Oh no, Heather. No sois molestia.
Llevo ensayando todo el día. Más bien toda la semana.
Me he enterado de que habrá unas audiciones en el instituto
justo la segunda semana de clase, y quiero estar preparado.
- Lo harás genial.
Le dediqué una sonrisa y él
me la devolvió. Realmente adorable.
- Bueno – comenzó Harry –
como puedes ver, esta es nuestra habitación.
- Se nota por el desorden.
- Gracias, hermanita.
- De nada, hermanito.
- Puedes pasarte por aquí
cuando quieras, tengas el problema que tengas.
- Me parece bien. Muchas gracias,
chicos. De verdad. Creo que nos llevaremos bien.
- Yo también lo creo.
Harry se me quedó mirando, pero
de una manera diferente a las anteriores. Quizás solo serían
imaginaciones mías. Sí, sería eso. Qué
tontería. Le gustaba esa tal Emma, no yo. Era su hermanastra,
y quizás él tendría mejor ética que yo.
Salimos de la habitación y
dejamos a Niall ensayando. Harry abrió la puerta de la
estancia contigua.
- Y este es tu cuarto.
- Oh, qué bonito. Me gusta.
Las paredes estaban pintadas de verde
suave y el techo era blanco, con una pequeña lámpara
colgando del centro. El suelo era moqueta, también verde, pero
más oscuro. Y la cama blanca, con una colcha salpicada de
grandes círculos naranjas.
- ¿De verdad te gusta? Puedes
redecorarla a tu gusto si quieres.
- No, no. Tranquilo. Es perfecta. De
momento está bien así. Te lo haré saber si
cambio de opinión. Voy a probar el colchón.
Entré en la habitación y
me senté en el borde de la cama, pegando diminutos botes para
comprobar si era lo suficientemente blanda.
- Uh, qué cómoda.
Harry me miró intrigado y vino a
sentarse a mi lado para rebotar conmigo. Comencé a saltar más
fuerte y reírme, hasta que no pude más y paré.
- ¿Ya te has cansado?
- Serás tú, que
estarás lleno de energía.
Puso su mano en mi estómago y me
empujó hacia atrás para que cayera sobre la cama.
- Agresivo – protesté.
- Blanda.
- Calla.
- No me ordenes, que soy mayor que
tú.
Le eché la lengua y me levanté.
- ¿Me vas a enseñar el
resto o qué?
- Pues ahora te quedas aquí.
- ¡Pero si has sido tú el que me ha empujado!
- Mira, porque soy un buen chico - dijo llevándose una mano al pecho - que si no... Anda. Vamos.
Le miré mal y salimos. Me enseñó todo el resto de la planta de arriba, hasta que fue la hora de almorzar.
Harry y yo bajamos juntos. Niall se quedó algo atrás, ya que intentaba perfeccionar un acorde que parecía resistirse a sus manos. Debía ser extremadamente difícil, porque con esa guitarra y la habilidad que tenía, todo sonaba harmonioso.
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