jueves, 11 de octubre de 2012

Capítulo 1.

Allí estaba. Mi nuevo hogar, la nueva ciudad. Gente desconocida... y mi padre.
Hacía unos seis meses que mis padres se habían separado, que ya habían terminado con todo el papeleo. Se separaron porque mi padre quería empezar una nueva vida. Fue una separación pacífica, de mutuo acuerdo. Decidimos que mi hermano pequeño, Matthew, se quedase con mi madre en Bristol; allí tenía todos sus recuerdos y sus amistades. En cambio, mis padres creyeron que yo me adaptaría bien a vivir en Nottingham, donde mi padre tenía un nuevo trabajo muy bien remunerado.
Y ahí estaba yo. A punto de conocer a la pareja de mi padre y su hijo, ya que según tenía entendido ella también se había separado, aunque con más dificultades; y en el juicio, se había quedado ella con la custodia del chico en cuestión.
Estábamos en el aeropuerto, yo sentada en mi maleta y mi padre mirando a todas partes cargando con su equipaje de mano. Buscándola.
De pronto, vi que una mujer se dirigía de forma efusiva hacia nosotros y a mi padre se le dibujaba una sonrisa en la cara. Algo más atrás, venía un muchacho de cabello castaño, rizado. Parecía alto. Con una camiseta blanca, unos pantalones azules marinos y unas converse también blancas, ya algo gastadas; además, tenía puestas unas gafas Rayban. Me levanté de la maleta y la arrastré hasta donde mi padre y aquella mujer se fundían en un precioso abrazo. Había amor, de eso no tenía duda. Cuando se separaron, mi padre me rodeó por los hombros.
- Heather, esta es Dorothy. Dorothy, mi hija.
- Hola, pequeña. Tu padre me ha hablado mucho de ti – me dio un cálido abrazo y un beso en cada mejilla.
- Encantada, Dorothy – le dediqué una amplia sonrisa.
-Y este hombretón de aquí es Harry, su hijo – continuó mi padre.
- Encantado, Heather – se acercó y me dio dos besos, igual que su madre.
- Igualmente, Harry.
Parecía una chico educado. Habría que esperar a estar a solas, porque delante de un padre o una madre uno siempre intenta ser la mejor persona sobre la faz de la Tierra, pero por detrás las cosas cambian. Nunca nada es lo que parece ser.
Dorothy nos guió hasta fuera, a su resplandeciente Volvo negro, brillante como los chorros del oro. No pude evitar exclamar un “wow” de admiración hacia ese fantástico coche.
- Te gusta, ¿eh? - me susurró Harry.
Yo simplemente sonreí y le miré a los ojos. Bueno a las gafas, que se quitó en un acto reflejo y las dejó colgando del cuello de su camiseta. Verdes aceituna, preciosos. “Heather, es tu hermanastro”. Esa frase se repetía en mi cabeza cada dos segundos desde el mismo momento en que lo vi de cerca. Él abrió una de las puertas traseras y yo entré con sumo cuidado mientras él metía mi equipaje y el de mi padre en el amplio maletero del coche. Dorothy ocupó el asiento del conductor; mi padre (que se llamaba Aiden, por cierto, debido a su ascendencia irlandesa) el del copiloto, y Harry se sentó en el otro extremo de la parte trasera del espléndido vehículo.
Acaricié el suave cuero beige con la palma de mi mano. Era un coche de ensueño. Debían de ser adinerados.
Dorothy comenzó a hablar.
- Bueno, Heather, debes saber que tienes otro hermanastro.
Oh, eso era nuevo.
- Pero es mi hijo adoptado. Adoptado como soltera. Así que no tiene el mismo apellido que Harry.
- ¿Y cómo se llama? - tenía bastante curiosidad.
- Nialler. Pero bueno, todos lo llaman Niall para acortar. En fin, ya haremos las presentaciones en casa.
No sabía por qué mi padre no me había hablado de eso. Pero bueno, un hermano más... suponía que no pasaría nada. Además, si era tan guapo como Harry casi era una ventaja. “¡Heather! ¡Para ya!”, ya volvía la vocecilla de mi cabeza.
Después de media hora aproximadamente, llegamos a una casa enorme. Casi podía decir que era una mansión. Era espectacular. Eché mi flequillo hacia el lado contrario al que estaba y la observécon detenimiento. Blanca, ventanales amplios con las compuertas azul oscuro, una pequeña terraza en la parte frontal con una que otra mecedora, un jardín impresionante, con flores de todos los colores y una fuente en el centro que debías rodear con el coche para poder llegar hasta la entrada de la casa.
- Podría acostumbrarme a esto.
- Es lo que vas a tener que hacer, preciosa – respondió mi padre.
Sonreí.
Bajamos del coche y me dispuse a coger mi maleta, pero Harry ya se había adelantado.
- Vaya, gracias. Muy amable.
- No te acostumbres, hermanita.
- Descuida.
Harry también cogió el equipaje de mi padre y se lo entregó, a lo que él respondió con una sonrisa. Se acercó a mí mientras yo arrastraba la maleta por el camino de piedras hasta los tres escalones que ayudaban a subir a la terraza de la entrada principal.
- Te has ganado un buen hermanastro, Heather.
- Ya lo creo – agaché la cabeza, sonriente.
La verdad, me gustaba bastante ese chico. Aún así, tendría toda la tarde para conocerle a él y a mi otro nuevo hermano, Niall.
Dorothy abrió la puerta y nos dejó pasar a mi padre y a mí primero.
- Wow – exclamó mi padre, lo mismo que yo con el coche.
- ¿Te gusta, Aiden? - preguntó Dorothy, entusiasmada.
- Casi tan preciosa como tú.
- Cállate, pareces un adolescente.
Por algún extraño motivo, después de esa frase, Harry y yo nos miramos y no pudimos evitar reír.
Dorothy se acercó a las escaleras que daban al piso de arriba y las subió hasta el primer “descanso”.
- ¡Niall, ya están aquí!
- ¡Ya voy! - se oyó de lejos.
Bonita voz.
Lo vi bajar a toda prisa, con una guitarra en la mano agarrada por el mástil como buenamente podía.
- ¿No dejas la guitarra ni para saludar a la gente, o qué? - bromeó Harry.
- Cállate – dijo él con una sonrisa.
- Niall, este es Aiden – comenzó Dorothy.
- Encantado – Niall le dio un abrazo a mi padre con el brazo que le quedaba libre, y éste le dio dos golpecitos en la espalda.
- Y esta Heather, vuestra nueva hermana.
Me quedé mirándolo unos segundos. Pelo rubio, probablemente teñido, ya que sus raíces eran bastante más oscuras que el resto del pelo, una sonrisa despampanante y unos ojos azules hipnotizadores.
- Encantado, Heather.
- Igualmente, Niall – le di un beso en cada mejilla y le dediqué una pequeña sonrisa, no muy segura de mí misma.
Demasiadas emociones en un solo día. Claro, lo lógico: mis dos nuevos hermanastros tenían que parecerme guapísimos, adorables y perfectos. ¡Genial, Heather, empezabas con buen pie! Además, el hecho de que en dos días empezasen las clases en el nuevo instituto no me reconfortaba.
- Vuelvo arriba a ensayar – dijo Niall con prisa.
Se dirigió a las escaleras y las subió corriendo velozmente.
- ¿A dónde va? - le pregunté a Harry.
- Es que está ensayando para una audición del instituto.
- Oh. Nos ha salido músico.
- Más o menos. Se podría decir.
Harry rió levemente. Empezó a sonar algo, era un móvil. El suyo, en concreto. Lo sacó del bolsillo, un iPhone reluciente y blanco, y cuando miró la pantalla una sonrisa se dibujó en su cara.
- Perdona un segundo.
Se alejó hacia lo que debía ser una biblioteca o algo por el estilo, ya que la cocina estaba ocupada por mi padre y Dorothy.
Me quedé allí de pie como una imbécil, esperando a que volviese Harry y me enseñase un poco la tremenda mansión. Mientras, me pareció escuchar una suave melodía proveniente del piso de arriba. Era Niall con la guitarra, eso seguro. Me acerqué al pasamanos de las escaleras y me apoyé allí para escuchar mejor. Parecía estar tocando “I'm Yours” de Jason Mraz. Adoraba esa canción. Comencé a cantarla en voz baja, y de repente, apareció Harry por detrás de mí.
- Qué bien suena – me dijo al oído.
Me sobresalté y una pequeña carcajada salió de mi garganta.
- Me has asustado.
- Perdona.
- ¿Era tu novia?
- ¿Eh?
- La llamada, Harry.
- ¡Ah! Eh... no. No, no era mi novia. Por desgracia.
- La chica que te gusta.
- ¡Bingo! Qué bien se te da esto.
- Lo llevo en la sangre. Mi madre es igual. ¿Puedo saber su nombre?
- Emma. La conozco desde hace poco más de un año, somos muy amigos, pero ella no tiene ni idea de que me gusta.
- ¿No crees que estaría bien arriesgarse?
Él abrió mucho los ojos y rió de forma irónica.
- Debes estar de broma.
- No lo estoy.
- No puedo hacer eso, Heather. No me sale.
- ¿Que no te sale? Pero si no es tan difícil.
- Claro, eso es porque no estás en mi situación.
- Sois los chicos los que tenéis que tomar la iniciativa.
- ¿Y si me rechaza?
- No pierdes nada. Si de verdad es tu amiga, aunque le digas que te gusta, seguirá siéndolo.
- ¿Tú crees?
Asentí con tranquilidad. ¿De verdad estaba animando a mi hermano, el cual me parecía un trozo de pan y asombrosamente guapo, a declararse a la chica que le gustaba? ¿De verdad estaba desperdiciando una oportunidad nada más llegar? “¡Como no espabiles te quedas sola!”.
- ¡Cállate!
- ¿Qué?
- Oh, perdona – le puse una mano en el hombro y no pude evitar reírme – no era por ti.
- ¿Hablabas sola?
- Con mi conciencia. Me está torturando sin piedad hoy.
- Date un respiro, anda. ¿Quieres que te enseñe el piso de arriba?
- Claro.
Comencé a subir las escaleras, y Harry detrás de mí.
Así que Emma... Hm. Tendría que darle el visto bueno.
Una vez arriba, pasamos por delante de la habitación de los chicos, donde Niall estaba tocando. Pero paró cuando nos vio entrar.
- Perdona si te molestamos...
- Oh no, Heather. No sois molestia. Llevo ensayando todo el día. Más bien toda la semana. Me he enterado de que habrá unas audiciones en el instituto justo la segunda semana de clase, y quiero estar preparado.
- Lo harás genial.
Le dediqué una sonrisa y él me la devolvió. Realmente adorable.
- Bueno – comenzó Harry – como puedes ver, esta es nuestra habitación.
- Se nota por el desorden.
- Gracias, hermanita.
- De nada, hermanito.
- Puedes pasarte por aquí cuando quieras, tengas el problema que tengas.
- Me parece bien. Muchas gracias, chicos. De verdad. Creo que nos llevaremos bien.
- Yo también lo creo.
Harry se me quedó mirando, pero de una manera diferente a las anteriores. Quizás solo serían imaginaciones mías. Sí, sería eso. Qué tontería. Le gustaba esa tal Emma, no yo. Era su hermanastra, y quizás él tendría mejor ética que yo.
Salimos de la habitación y dejamos a Niall ensayando. Harry abrió la puerta de la estancia contigua.
- Y este es tu cuarto.
- Oh, qué bonito. Me gusta.
Las paredes estaban pintadas de verde suave y el techo era blanco, con una pequeña lámpara colgando del centro. El suelo era moqueta, también verde, pero más oscuro. Y la cama blanca, con una colcha salpicada de grandes círculos naranjas.
- ¿De verdad te gusta? Puedes redecorarla a tu gusto si quieres.
- No, no. Tranquilo. Es perfecta. De momento está bien así. Te lo haré saber si cambio de opinión. Voy a probar el colchón.
Entré en la habitación y me senté en el borde de la cama, pegando diminutos botes para comprobar si era lo suficientemente blanda.
- Uh, qué cómoda.
Harry me miró intrigado y vino a sentarse a mi lado para rebotar conmigo. Comencé a saltar más fuerte y reírme, hasta que no pude más y paré.
- ¿Ya te has cansado?
- Serás tú, que estarás lleno de energía.
Puso su mano en mi estómago y me empujó hacia atrás para que cayera sobre la cama.
- Agresivo – protesté.
- Blanda.
- Calla.
- No me ordenes, que soy mayor que tú.
Le eché la lengua y me levanté.
- ¿Me vas a enseñar el resto o qué?
- Pues ahora te quedas aquí.
- ¡Pero si has sido tú el que me ha empujado!
- Mira, porque soy un buen chico - dijo llevándose una mano al pecho - que si no... Anda. Vamos.
Le miré mal y salimos. Me enseñó todo el resto de la planta de arriba, hasta que fue la hora de almorzar.
Harry y yo bajamos juntos. Niall se quedó algo atrás, ya que intentaba perfeccionar un acorde que parecía resistirse a sus manos. Debía ser extremadamente difícil, porque con esa guitarra y la habilidad que tenía, todo sonaba harmonioso.

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