Hacía unos seis meses que mis
padres se habían separado, que ya habían terminado con
todo el papeleo. Se separaron porque mi padre quería empezar
una nueva vida. Fue una separación pacífica, de mutuo
acuerdo. Decidimos que mi hermano pequeño, Matthew, se quedase
con mi madre en Bristol; allí tenía todos sus recuerdos
y sus amistades. En cambio, mis padres creyeron que yo me adaptaría
bien a vivir en Nottingham, donde mi padre tenía un nuevo
trabajo muy bien remunerado.
Y ahí estaba yo. A punto de
conocer a la pareja de mi padre y su hijo, ya que según tenía
entendido ella también se había separado, aunque con
más dificultades; y en el juicio, se había quedado ella
con la custodia del chico en cuestión.
Estábamos en el aeropuerto, yo
sentada en mi maleta y mi padre mirando a todas partes cargando con
su equipaje de mano. Buscándola.
De pronto, vi que una mujer se dirigía
de forma efusiva hacia nosotros y a mi padre se le dibujaba una
sonrisa en la cara. Algo más atrás, venía un
muchacho de cabello castaño, rizado. Parecía alto. Con
una camiseta blanca, unos pantalones azules marinos y unas converse
también blancas, ya algo gastadas; además, tenía
puestas unas gafas Rayban. Me levanté de la maleta y la
arrastré hasta donde mi padre y aquella mujer se fundían
en un precioso abrazo. Había amor, de eso no tenía
duda. Cuando se separaron, mi padre me rodeó por los hombros.
- Heather,
esta es Dorothy. Dorothy, mi hija.
- Hola,
pequeña. Tu padre me ha hablado mucho de ti – me dio un
cálido abrazo y un beso en cada mejilla.
- Encantada,
Dorothy – le dediqué una amplia sonrisa.
-Y
este hombretón de aquí es Harry, su hijo – continuó
mi padre.
- Encantado,
Heather – se acercó y me dio dos besos, igual que su madre.
- Igualmente,
Harry.
Parecía una chico educado.
Habría que esperar a estar a solas, porque delante de un padre
o una madre uno siempre intenta ser la mejor persona sobre la faz de
la Tierra, pero por detrás las cosas cambian. Nunca nada es lo
que parece ser.
Dorothy nos guió hasta fuera, a
su resplandeciente Volvo negro, brillante como los chorros del oro.
No pude evitar exclamar un “wow” de admiración hacia ese
fantástico coche.
- Te
gusta, ¿eh? - me susurró Harry.
Yo simplemente sonreí y le miré
a los ojos. Bueno a las gafas, que se quitó en un acto reflejo
y las dejó colgando del cuello de su camiseta. Verdes
aceituna, preciosos. “Heather, es tu hermanastro”. Esa frase se
repetía en mi cabeza cada dos segundos desde el mismo momento
en que lo vi de cerca. Él abrió una de las puertas
traseras y yo entré con sumo cuidado mientras él metía
mi equipaje y el de mi padre en el amplio maletero del coche. Dorothy
ocupó el asiento del conductor; mi padre (que se llamaba
Aiden, por cierto, debido a su ascendencia irlandesa) el del
copiloto, y Harry se sentó en el otro extremo de la parte
trasera del espléndido vehículo.
Acaricié el suave cuero beige
con la palma de mi mano. Era un coche de ensueño. Debían
de ser adinerados.
Dorothy comenzó a hablar.
- Bueno,
Heather, debes saber que tienes otro hermanastro.
Oh, eso era nuevo.
- Pero
es mi hijo adoptado. Adoptado como soltera. Así que no tiene
el mismo apellido que Harry.
- ¿Y
cómo se llama? - tenía bastante curiosidad.
- Nialler.
Pero bueno, todos lo llaman Niall para acortar. En fin, ya haremos
las presentaciones en casa.
No sabía por qué mi padre
no me había hablado de eso. Pero bueno, un hermano más...
suponía que no pasaría nada. Además, si era tan
guapo como Harry casi era una ventaja. “¡Heather! ¡Para
ya!”, ya volvía la vocecilla de mi cabeza.
Después de media hora
aproximadamente, llegamos a una casa enorme. Casi podía decir
que era una mansión. Era espectacular. Eché mi
flequillo hacia el lado contrario al que estaba y la observécon
detenimiento. Blanca, ventanales amplios con las compuertas azul
oscuro, una pequeña terraza en la parte frontal con una que
otra mecedora, un jardín impresionante, con flores de todos
los colores y una fuente en el centro que debías rodear con el
coche para poder llegar hasta la entrada de la casa.
- Podría
acostumbrarme a esto.
- Es
lo que vas a tener que hacer, preciosa – respondió mi
padre.
Sonreí.
Bajamos del coche y me dispuse a coger
mi maleta, pero Harry ya se había adelantado.
- Vaya,
gracias. Muy amable.
- No
te acostumbres, hermanita.
- Descuida.
Harry también cogió el
equipaje de mi padre y se lo entregó, a lo que él
respondió con una sonrisa. Se acercó a mí
mientras yo arrastraba la maleta por el camino de piedras hasta los
tres escalones que ayudaban a subir a la terraza de la entrada
principal.
- Te
has ganado un buen hermanastro, Heather.
- Ya
lo creo – agaché la cabeza, sonriente.
La verdad, me gustaba bastante ese
chico. Aún así, tendría toda la tarde para
conocerle a él y a mi otro nuevo hermano, Niall.
Dorothy abrió la puerta y nos
dejó pasar a mi padre y a mí primero.
- Wow
– exclamó mi padre, lo mismo que yo con el coche.
- ¿Te
gusta, Aiden? - preguntó Dorothy, entusiasmada.
- Casi
tan preciosa como tú.
- Cállate,
pareces un adolescente.
Por algún extraño motivo,
después de esa frase, Harry y yo nos miramos y no pudimos
evitar reír.
Dorothy se acercó a las
escaleras que daban al piso de arriba y las subió hasta el
primer “descanso”.
- ¡Niall,
ya están aquí!
- ¡Ya
voy! - se oyó de lejos.
Bonita voz.
Lo vi bajar a toda prisa, con una
guitarra en la mano agarrada por el mástil como buenamente
podía.
- ¿No
dejas la guitarra ni para saludar a la gente, o qué? - bromeó
Harry.
- Cállate
– dijo él con una sonrisa.
- Niall,
este es Aiden – comenzó Dorothy.
- Encantado
– Niall le dio un abrazo a mi padre con el brazo que le quedaba
libre, y éste le dio dos golpecitos en la espalda.
- Y
esta Heather, vuestra nueva hermana.
Me quedé mirándolo unos
segundos. Pelo rubio, probablemente teñido, ya que sus raíces
eran bastante más oscuras que el resto del pelo, una sonrisa
despampanante y unos ojos azules hipnotizadores.
- Encantado,
Heather.
- Igualmente,
Niall – le di un beso en cada mejilla y le dediqué una
pequeña sonrisa, no muy segura de mí misma.
Demasiadas emociones en un solo día.
Claro, lo lógico: mis dos nuevos hermanastros tenían
que parecerme guapísimos, adorables y perfectos. ¡Genial,
Heather, empezabas con buen pie! Además, el hecho de que en
dos días empezasen las clases en el nuevo instituto no me
reconfortaba.
- Vuelvo arriba a ensayar – dijo
Niall con prisa.
Se dirigió a las escaleras y las
subió corriendo velozmente.
- ¿A dónde va? - le
pregunté a Harry.
- Es que está ensayando para
una audición del instituto.
- Oh. Nos ha salido músico.
- Más o menos. Se podría
decir.
Harry rió levemente. Empezó
a sonar algo, era un móvil. El suyo, en concreto. Lo sacó
del bolsillo, un iPhone reluciente y blanco, y cuando miró la
pantalla una sonrisa se dibujó en su cara.
- Perdona un segundo.
Se alejó hacia lo que debía
ser una biblioteca o algo por el estilo, ya que la cocina estaba
ocupada por mi padre y Dorothy.
Me quedé allí de pie como
una imbécil, esperando a que volviese Harry y me enseñase
un poco la tremenda mansión. Mientras, me pareció
escuchar una suave melodía proveniente del piso de arriba. Era
Niall con la guitarra, eso seguro. Me acerqué al pasamanos de
las escaleras y me apoyé allí para escuchar mejor.
Parecía estar tocando “I'm Yours” de Jason Mraz. Adoraba
esa canción. Comencé a cantarla en voz baja, y de
repente, apareció Harry por detrás de mí.
- Qué bien suena – me dijo al oído.
Me sobresalté y una pequeña
carcajada salió de mi garganta.
- Me has asustado.
- Perdona.
- ¿Era tu novia?
- ¿Eh?
- La llamada, Harry.
- ¡Ah! Eh... no. No, no era mi
novia. Por desgracia.
- La chica que te gusta.
- ¡Bingo! Qué bien se
te da esto.
- Lo llevo en la sangre. Mi madre es
igual. ¿Puedo saber su nombre?
- Emma. La conozco desde hace poco
más de un año, somos muy amigos, pero ella no tiene ni
idea de que me gusta.
- ¿No crees que estaría
bien arriesgarse?
Él abrió mucho los ojos y
rió de forma irónica.
- Debes estar de broma.
- No lo estoy.
- No puedo hacer eso, Heather. No me
sale.
- ¿Que no te sale? Pero si no
es tan difícil.
- Claro, eso es porque no estás
en mi situación.
- Sois los chicos los que tenéis
que tomar la iniciativa.
- ¿Y si me rechaza?
- No pierdes nada. Si de verdad es
tu amiga, aunque le digas que te gusta, seguirá siéndolo.
- ¿Tú crees?
Asentí con tranquilidad. ¿De
verdad estaba animando a mi hermano, el cual me parecía un trozo de pan y asombrosamente guapo, a declararse a la chica que le
gustaba? ¿De verdad estaba desperdiciando una oportunidad nada
más llegar? “¡Como no espabiles te quedas sola!”.
- ¡Cállate!
- ¿Qué?
- Oh, perdona – le puse una mano
en el hombro y no pude evitar reírme – no era por ti.
- ¿Hablabas sola?
- Con mi conciencia. Me está
torturando sin piedad hoy.
- Date un respiro, anda. ¿Quieres
que te enseñe el piso de arriba?
- Claro.
Comencé a subir las escaleras, y
Harry detrás de mí.
Así que Emma... Hm. Tendría
que darle el visto bueno.
Una vez arriba, pasamos por delante de
la habitación de los chicos, donde Niall estaba tocando. Pero
paró cuando nos vio entrar.
- Perdona si te molestamos...
- Oh no, Heather. No sois molestia.
Llevo ensayando todo el día. Más bien toda la semana.
Me he enterado de que habrá unas audiciones en el instituto
justo la segunda semana de clase, y quiero estar preparado.
- Lo harás genial.
Le dediqué una sonrisa y él
me la devolvió. Realmente adorable.
- Bueno – comenzó Harry –
como puedes ver, esta es nuestra habitación.
- Se nota por el desorden.
- Gracias, hermanita.
- De nada, hermanito.
- Puedes pasarte por aquí
cuando quieras, tengas el problema que tengas.
- Me parece bien. Muchas gracias,
chicos. De verdad. Creo que nos llevaremos bien.
- Yo también lo creo.
Harry se me quedó mirando, pero
de una manera diferente a las anteriores. Quizás solo serían
imaginaciones mías. Sí, sería eso. Qué
tontería. Le gustaba esa tal Emma, no yo. Era su hermanastra,
y quizás él tendría mejor ética que yo.
Salimos de la habitación y
dejamos a Niall ensayando. Harry abrió la puerta de la
estancia contigua.
- Y este es tu cuarto.
- Oh, qué bonito. Me gusta.
Las paredes estaban pintadas de verde
suave y el techo era blanco, con una pequeña lámpara
colgando del centro. El suelo era moqueta, también verde, pero
más oscuro. Y la cama blanca, con una colcha salpicada de
grandes círculos naranjas.
- ¿De verdad te gusta? Puedes
redecorarla a tu gusto si quieres.
- No, no. Tranquilo. Es perfecta. De
momento está bien así. Te lo haré saber si
cambio de opinión. Voy a probar el colchón.
Entré en la habitación y
me senté en el borde de la cama, pegando diminutos botes para
comprobar si era lo suficientemente blanda.
- Uh, qué cómoda.
Harry me miró intrigado y vino a
sentarse a mi lado para rebotar conmigo. Comencé a saltar más
fuerte y reírme, hasta que no pude más y paré.
- ¿Ya te has cansado?
- Serás tú, que
estarás lleno de energía.
Puso su mano en mi estómago y me
empujó hacia atrás para que cayera sobre la cama.
- Agresivo – protesté.
- Blanda.
- Calla.
- No me ordenes, que soy mayor que
tú.
Le eché la lengua y me levanté.
- ¿Me vas a enseñar el
resto o qué?
- Pues ahora te quedas aquí.
- ¡Pero si has sido tú el que me ha empujado!
- Mira, porque soy un buen chico - dijo llevándose una mano al pecho - que si no... Anda. Vamos.
Le miré mal y salimos. Me enseñó todo el resto de la planta de arriba, hasta que fue la hora de almorzar.
Harry y yo bajamos juntos. Niall se quedó algo atrás, ya que intentaba perfeccionar un acorde que parecía resistirse a sus manos. Debía ser extremadamente difícil, porque con esa guitarra y la habilidad que tenía, todo sonaba harmonioso.
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